Adoración para la Fiesta
de la Buena Madre

"EVOCAR LAS CUATRO EDADES DE JESÚS"


AMBIENTACIÓN


Al celebrar este año el aniversario de la Buena Madre queremos recordar la importancia que tanto ella como el Buen Padre dieron a la persona de Jesús. La evocación de las cuatro edades de nuestro Señor Jesucristo -su infancia, su vida oculta, su vida apostólica y su vida crucificada- les sirvió para dar a conocer la devoción a los Sagrados Corazones. La Fundadora comunicó al Buen Padre que deberían dedicarse a imitar las cuatro edades de Nuestro Señor Jesucristo:

"El buen Dios me ha hecho conocer... que quiere una orden destinada a adorar su Corazón, a reparar los ultrajes que recibe, que entre en el dolor de su Corazón, que reproduzca las cuatro edades de su vida...".

El Fundador acogió esta "revelación" como un mensaje de Dios y la hizo suya:

"En Jesús lo encontramos todo; su nacimiento, su vida y su muerte, he ahí nuestra regla". (Buen Padre)

Ésta será la referencia fundamental para sus vidas y para la comunidad primitiva.

Hoy también nosotros estamos llamados a seguir a Jesús en el itinerario de su vida. Este rato de adoración quiere ser un espacio para la contemplación, para descubrir el proceso que Él vivió desde su encarnación hasta su muerte y resurrección. Para entrar "en el dinamismo del Amor Salvador" y llenarnos "de celo por nuestra misión".

Exposición del Santísimo

Canto: Laudate omnes gentes, laudate dominum (bis).


INFANCIA


Con qué profundidad la Buena Madre habla del acto de la Encarnación como de una unión indescriptible de los Corazones de Jesús y de María:

"El acto de la Encarnación es el acto de la unión inefable de los dos Corazones Sagrados. El Corazón de Jesús recibía del Corazón de María la vida física; éste bebía con abundancia indecible en el Corazón de Jesús la vida divina de la cual estaba repleto. El sacrificio redentor que ha comenzado en ese momento, no tendrá fin para Jesús sino en el Calvario, y para el Corazón de María el día de su Asunción. En el momento en que Nuestro Señor fue concebido en su seno, él le dio su corazón que él ha colocado tal como está bordado el vuestro. El de la Santísima Virgen es el primero porque ella existía cuando Nuestro Señor no existía humanamente".

Vivir la infancia de Cristo supone hoy encarnarnos en la realidad que estamos llamados a servir, hacer nuestras "las actitudes, opciones y tareas de Jesús". Así lograremos "entrar en el dinamismo interior del Amor de Cristo por su Padre y por el mundo, especialmente por los pobres, los afligidos, los marginados y los que no conocen la Buena Noticia" (Const., art. 6).

Silencio


VIDA OCULTA


En la adoración la Buena Madre se abandona a la acción de Dios en su vida. Experimenta una gran necesidad de estar en la presencia de Jesús, Pan de Vida. De ordinario, pasaba en Adoración desde las once de la noche hasta las dos de la mañana. Esto lo hacía para aliviar a sus hermanas y para satisfacer esa necesidad que experimentaba de dar el mayor espacio posible en su vida a la oración.

Es en este espacio de silencio, de intimidad donde entrega su vida. También nosotros estamos invitados a ofrecer nuestra "propia existencia como sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios, como vuestro culto auténtico; y no os amoldéis a este mundo, sino dejaos transformar por la nueva mentalidad, para ser vosotros capaces de distinguir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, agradable y acabado". (Rom 12,1-2)

Canto:

Nada nos separará, nada nos separará,
nada nos separará, del Amor de Dios (bis).

Silencio


VIDA APOSTÓLICA


La experiencia del evangelizador le lleva en primer lugar a reconocer su limitación, su debilidad, su pequeñez. Y pide la fuerza de Dios para que su obra pueda realizarse en él. En medio de un mundo donde no se conoce el Amor de Dios, hoy como ayer, estamos impulsados por el celo que invadió a nuestros Fundadores: "el celo por tu casa me devora".

Salmo 68. Antífona:

"La mejor manera de entregarse a Dios es entregarse por entero a los hermanos". (Buena Madre)

	Dios mío, sálvame,
		que me llega el agua al cuello:
		me estoy hundiendo en un cieno profundo
		y no puedo hacer pie;
		he entrado en la hondura del agua,
		me arrastra la corriente.

Estoy agotado de gritar, tengo ronca la garganta; se me nublan los ojos de tanto aguardar a mi Dios.

Más que los pelos de mi cabeza son los que me odian sin razón; más duros que mis huesos, los que me atacan injustamente. ¿Es que voy a devolver lo que no he robado?

Dios mío, tú conoces mi ignorancia, no se te ocultan mis delitos. Que por mi causa no queden defraudados los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.

Que por mi causa no se avergüencen los que te buscan, Dios de Israel. Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu Casa, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.

Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí; cuando me visto de saco, se ríen de mí; sentados a la puerta cuchichean, mientras beben vino me sacan coplas.

Antífona:

"La mejor manera de entregarse a Dios es entregarse por entero a los hermanos". (Buena Madre)

Silencio

Canto: Tú me envías, Señor.

Cuando veo la injusticia, cuando tapan la verdad,
cuando veo que los hombres no saben lo que es amar.
Cuando falta la esperanza, cuando hay tanta desunión,
cuando los hombres olvidan lo que es la paz y el amor.

TÚ ME ENVÍAS, SEÑOR, A RESTAURAR,
A LIBERAR AL HOMBRE A RECONCILIAR (bis).


VIDA CRUCIFICADA


El Corazón de Jesús es un corazón traspasado en la Cruz. El seguimiento de Cristo nos hace entrar en este misterio de la Cruz:

"Si uno quiere ser de los míos y no me prefiere a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo". (Lc 14,26-27)

La Buena Madre amaba la Cruz del Señor: "Hago voto de aceptar la cruz en todo, crucificar mi corazón, mi espíritu, mi voluntad, mis acciones". Y desea "la felicidad de las hermanas y todas las consolaciones que no se encuentran sino al pie de la cruz". El Buen Padre recordará que "la devoción a la Cruz es el sello de los Hijos de los Sagrados Corazones, que deben amar lo mismo lo amargo que lo dulce, e incluso preferir la desolación a los consuelos". Ser los hijos de la Cruz nos lleva a compartir la suerte de los crucificados de nuestro mundo, trabajando "por construir un mundo de justicia y de amor, signo del Reino. Traigamos a nuestra oración las cruces de nuestros hermanos más necesitados, pongamos rostro concreto a la Cruz de Cristo en el momento presente.

Silencio

Compartimos nuestra oración (cada uno podría indicar qué etapa de la vida del Señor está viviendo con más intensidad en la actualidad).

Cantamos el Padrenuestro

Bendición

Juntos rezamos la oración por la beatificación de la Buena Madre:

Dios, Padre nuestro,
en tu gran bondad y misericordia,
Tú has llamado a Enriqueta a ser testigo de tu Amor
revelado en los Corazones de Jesús y de María.

En Adoración ante el Santo Sacramento,
sintió la necesidad de contemplar, vivir y anunciar
tu Amor a un mundo roto por la violencia y la división.

Junto con Pedro Coudrin,
fundó la Congregación de los Sagrados Corazones
de Jesús y de María y de la Adoración perpetua
para continuar esta misión
en todo tiempo y lugar.

En tu bondad, haz que la Iglesia reconozca pronto en ella
una auténtica testigo del Evangelio.

Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo.
Amén.

Despedida:

A los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
Todos: Honor y gloria.