Se comienza con la exposición del Santísimo. (Se hace en silencio).
A continuación se canta éste u otro canto: En el nombre del Señor, nos hemos reunido...
Ambientación.
Nuestra Adoración de hoy quiere tener un sentido reparador, poniendo la atención de manera especial en los siguientes contravalores que se dan hoy en el mundo con mayor virulencia: el individualismo, la falta de solidaridad, la violencia que no respeta la manera de ser , pensar y sentir del otro, las faltas de amor y entendimiento mutuo y el déficit de sentido comunitario que impiden compartir “las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres”.
Nos alegramos y damos gracias al Señor, por “proyectos” humanitarios que surgen por distintas partes, porque Dios sigue tocando el corazón de las personas de buena voluntad, dentro y fuera de la Iglesia. Pero falta un “proyecto comunitario” en los distintos niveles nacionales, continentales, mundiales. En la misma llamada “comunidad europea” se atienden los problemas macroeconómicos, pero hay más pobres que nunca, hay más intereses particulares o nacionales que nunca, existe una lucha más o menos solapada por llevarse la mejor tajada del botín, etc... Falta un verdadero sentido comunitario, de preocupación de todos por todos, y de interés de todos por el más necesitado, donde se comparte la vida, los bienes, los sentimientos ; donde se perdona y se ama.
En la Exhortación apostólica “Vita Consecrata”, de Juan Pablo II, se dice: ”Los Padres Sinodales han destacado el carácter profético de la vida consagrada” (nº 84). Pero nuestra comunidad no será profética, si no vive los valores evangélicos que constituyen la comunidad.
“La Comunidad revisa su valor de signo del Amor de Dios a los hombres manifestado en Cristo Jesús, dejándose interpelar por las personas a las que sirve y entre las que vive” (Constituciones, 41,5).
Una manera de reparar es ayudar a redimir, es ser testigos, testimonios y profetas. Y no sólo a nivel personal, sino también y sobre todo, comunitario. En la Regla de Vida leemos: “...debemos da a nuestra vida un sentido de interioridad, de confianza, de acogida cordial a nuestros hermanos. Constituye una aportación excelente a nuestro mundo despersonalizado”.
(Se deja un tiempo de reflexión y asimilación personal.)
(Un hermano lee pausadamente las palabras de San Agustín sobre la comunidad.
“La Comunidad: Realidad y Utopía”
Una Comunidad es:
un grupo de personas que rezan juntas,
pero que también hablan juntas;
que ríen en común e intercambian favores;
están bromeando juntas y juntas están serias;
están, a veces, en desacuerdo, pero sin animosidad,
como se está a veces con uno/a mismo/a,
utilizando ese raro desacuerdo
para reforzar siempre el acuerdo habitual.
Aprenden algo unos/as de otros/as
o lo enseñan unos/as a otros/as.
Echan de menos, con pena, a los/as ausentes.
Acogen con alegría a los/as que llegan.
Hacen manifestaciones de este u otro tipo,
chispas del corazón de los que se aman,
expresadas en el rostro, en la lengua, en los ojos,
en mil gestos de ternura.
Y cocinan juntos/as los alimentos del hogar,
en donde las almas se unen en conjunto,
y donde varios/as, al fin, no son más que uno/a.
Palabra de Dios: Hechos de los Apóstoles, 4, 32-33.
“La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma; y ninguno decía ser propia cosa alguna de las que poseía, sino que para ellos todo era común; y con gran fortaleza daban a los apóstoles el testimonio que se les había confiado acerca de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaba todos ellos de gran favor...”
Tiempo de reflexión personal, y posibilidad de compartir nuestra oración (reflexiones, peticiones, etc.).
Oración final
A vosotros que afrontáis la realidad, e intentáis mejorarla;
que no renunciáis a la utopía y camináis hacia ella;
que dais una oportunidad a un futuro mejor :
A vosotros os pido que seáis testigos de un futuro mejor.
A vosotros que celebráis lo que creéis, y compartís lo que tenéis:
A vosotros, juntos en la fiesta y en la lucha,
Que tenéis mis sentimientos y mi Espíritu:
A vosotros os pido que seáis servidores y anunciadores del Reino.
Canto a María: Santa María del Camino.
(Le pedimos que nos acompañe en ese camino de construir el Reino, en Comunidad).
A los Sagrados Corazones de Jesús y de María.
Honor y gloria.