- Exposición del Santísimo
- Canto:
OH MI DIOS (Bis)
CONFÍO EN TI (Bis)
YO TE ALABO, SEÑOR,
YO TE ADORO, SEÑOR
OH MI DIOS
Dame un corazón (Bis)
que sepa adorarte (Bis)
|
“Esta devoción, nacida en el Calvario, brotó del Corazón mismo de Jesús abierto en la Cruz después de su muerte. Permaneció siempre abierto, para ser a cada instante en nuestra vida un lugar de refugio y de perdón de nuestras faltas, de consuelo en nuestras penas, de aliento en nuestras debilidades, un asilo de paz en nuestras inquietudes y temores, en fin, nuestra esperanza en la hora de la muerte. El Corazón de María ha sido traspasado; ese es el camino por donde vamos al Corazón de Jesús, que no ha sido traspasado, sino abierto, porque allí está el lugar de reposo, el manantial de las aguas vivificantes en que el alma encuentra sus delicias, apaga su sed, se fortifica, es inundada de gracias. Permanezcamos en su presencia penetrados de un respeto semejante al de los ángeles que lo rodean. Es el amigo más delicado con las almas que procuran complacerlo; su bondad sabe ponerse a la altura, tanto de las más pequeñas creaturas, cuanto de la más grande. No tema pues, en esas conversaciones solitarias, hablarle de sus miserias, de sus temores, de sus disgustos, de las personas queridas, de sus proyectos y de sus esperanzas; hágalo con confianza y a corazón abierto. Por lo demás, es Dios quien enseña a rezar. Inútilmente diría usted a un pobre: “cuando pida limosna use tal o cual expresión”. El pobre se presenta ante el rico, llama, y dice solamente: “Estoy desnudo... Tengo hambre...Tengo sed”. Olvida su lección. Se le tiende la mano. Al retirarse bendice a Dios y promete amarlo porque lo ha alimentado y ha calmado su sed. Así también debemos rezar nosotros”. |
- (Adoración)
- Texto:
| Señor Jesús, a tu puerta llamamos para entrar en tu casa. No queremos que nos digas “No sé quién sois”. Nosotros somos, Señor, los que tú llamaste, los que hemos bebido de tu costado y hemos vuelto a tener sed de ti. Los que necesitamos venir a ti para seguir viviendo. Los que hemos dejado casa, padre, madre, mujer e hijos por ti. Los que hemos recibido ya el ciento por uno. También los que echan mano al arado y siguen mirando atrás. Los siervos inútiles que han hecho lo que han podido. Los que desean tener los mismos sentimientos del Corazón de tu Hijo. Esos, los que ahora, reunidos en oración, vienen a estar contigo y a escuchar tu Palabra. Los que saben que permaneciendo durante mucho tiempo en presencia de la Eucaristía muchos se han dejado alcanzar hasta lo más profundo de su ser por tu amor, y meditando asiduamente la Escritura, dejando pasar a sus vidas lo poco que comprendían del Evangelio, se han ido pareciendo cada vez más a ti. Los pobres de Cristo que, con toda sencillez, se disponen a confiar en el misterio de la fe. Háblanos y haz que la eficacia de tu Palabra convierta nuestras vidas. |
- Canto:
“Tu Palabra me da vida, confío en ti Señor,
tu Palabra es eterna, en ella esperaré”
- EVANGELIO:
|
“Convocó a los Doce, y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reinado de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles:
- No cojáis nada para el camino; ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero, ni llevéis cada uno dos túnicas. Quedaos en la casa donde os alojéis hasta que os vayáis de aquel lugar. Y en caso de que no os reciban, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para echárselo en cara. Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la buena noticia y curando en todas partes. Al volver los apóstoles le contaron a Jesús todo lo que habían hecho. Entonces se los llevó y se retiró con ellos en dirección a un pueblo llamado Betsaida...”. (Lc 9,1-6.10-11)
|
- (Silencio meditativo)
- Texto:
|
En la soledad descubrí que tú has deseado el amor de mi corazón, oh Dios mío, el amor de mi corazón tal cual es: el amor del corazón de un hombre. Y así pude descubrir también la fuerza de tu llamada y de tu envío. Encontré y he conocido, por tu gran misericordia, que el amor del corazón de un hombre que está abandonado, quebrado y empobrecido es más amable para ti y atrae la mirada de tu piedad, y que ése es tu deseo y tu consuelo, oh Señor mío, para estar más cerca de quienes te aman y te llaman “Padre”. Solo la soledad me ha enseñado que para ir donde me envías no debo ser un dios o un ángel, que no debo volverme una inteligencia pura sin sentimientos y sin imperfecciones humanas. Tú no esperas que me vuelva grande antes de enviarme, no quieres que coja nada para el camino. Son mi pequeñez y mi humanidad las que buscas. Es tu deseo no que te dé las gracias y el reconocimiento que recibes de tus grandes ángeles, sino la confianza, el amor y la gratitud que emanan del corazón del niño. Padre mío, sé que me has convocado para vivir contigo y para aprender que, si no fuera un simple hombre, un simple humano capaz de todos los errores y todo el mal, también capaz de un frágil y errático afecto por ti, no sería capaz de ser tu hijo.
Por consiguiente si no te amo con amor de hombre, con simplicidad de hombre y con la humildad de ser yo mismo, nunca paladearé la plena dulzura de tu paternal misericordia y tu Hijo, en cuanto a mi vida, habrá muerto en vano.
Es necesario que yo sea humano a fin de que la Palabra de Cristo no quede vacía y sea la fuerza que se realiza en la debilidad, el tesoro portado en vasija de barro. Cuando se aprende esto, nuestro amor por los otros hombres se vuelve puro y poderoso. Podemos ir hacia ellos sin vanidad y sin complacencia, amándolos con algo de la pureza, la delicadeza y lo recóndito del amor de Dios por nosotros. (Tomas Merton) |
- Oración compartida
- Padrenuestro
- Bendición con el Santísimo.
- Rezamos juntos la oración final:
- Honor y Gloria a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Ahora y siempre.