Exposición.
Canto: Ante Ti, Señor.
Ambientación.
El Espíritu de Jesús nos ha guiado a cada uno de nosotros a la Congregación. El Espíritu inspiró a nuestros Fundadores, a tantos Hermanos y Hermanas a lo largo de la historia. Hoy hacemos memoria de las actitudes que algunos de ellos nos han dejado para aproximarnos al Corazón de Cristo. Hagamos nuestras esas actitudes y, al aire del Espíritu, llevemos a plenitud nuestra vocación de religiosos de los Sagrados Corazones.
El Buen Padre: celo y fuego.
El Buen Padre nos invita a ir a la Fuente, a Dios que se apasiona por el mundo, y nos lanza como religiosos con “celo misionero”:
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Necesitamos un nombre que recuerde cada día a nuestros hermanos sus deberes y obligaciones, que les haga recordar a cada instante que deben sacrificarse por el celo por el Señor; que faltarán a su voto más esencial si quieren vivir sólo para sí mismos y no trabajar por la salvación de sus hermanos... Que su vocación es el celo y el celo ardiente. Esto es lo que deberán pensar los miembros de nuestro Instituto, lo que no podrán olvidar cuando se nombren con el título de “celadores”. Su propio nombre gritaría contra ellos como las piedras del santuario, si no cumpliesen los deberes que les impone, Sería un continuo reproche a su conciencia, que acabaría por sacarlos de un culpable bloqueo, si llegasen un día a adormecerse en una cómoda ociosidad.
(Buen Padre, Memoria del Título de Celadores)
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Silencio.
La Buena Madre: un corazón fraterno.
La Buena Madre es maestra en crear comunidades al estilo del Corazón de Cristo:
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Sólo Dios sabe la dimensión de mis sentimientos para todas ustedes y la necesidad que tengo de que sean felices. Sipudieran leer en le corazón de su pobre Madre, que no se atreve a llamarse así porque no tiene las cualidades necesarias pero, al menos tiene toda la ternura.
(Buena Madre) |
Canto: Nada nos separará.
El Padre Eustaquio: un corazón misericordioso.
El Padre Eustaquio nos muestra el rostro misericordioso de Dios y el dinamismo del amor al prójimo:
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Aunque Dios no haya permitido que yo me quedase entre vosotros, sin embargo, quién sabe si lo permitirá desde ahora en adelante. Yo quisiera que ninguno más sufriese, que nadie más padeciese, que no hubiese ningún gemido más -oh, yo quisiera correr por los campos de guerra sin distinción de nacionalidades para asistir a aquellos que sufren, a aquellos que mueren - Oh Dios mío, que se haga siempre Vuestra Voluntad (...). Pobres que sufren - sufren sin consuelo - sin alivio, pues a cuántos falta la religión, la fe, la verdadera fe. O buen Jesús, ten compasión de nuestro pueblo (...). Oh Jesús, concededme la gracia de hacer todo para todos y de ganar a todos para Cristo.
(Padre Eustaquio) |
Silencio.
El Padre Damián: un corazón eucarístico.
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Sin la presencia continua de nuestro divino Maestro en el altar de mis pobres capillas, jamás hubiera podido perseverar compartiendo mi destino con los leprosos de Molokai. Las consecuencias estaban previstas, pero ahora comienzan a manifestarse por la superficie de mi cuerpo y se dejan sentir en todo mi organismo.
(Padre Damián) |
Canto del Aleluya.
Lectura del Evangelio:
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Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran la Escritura. Y añadió:
- Así estaba escrito: el Mesías padecerá, pero al tercer día resucitará de la muerte; y en su nombre se predicará la enmienda y el perdón de los pecados a todas las naciones. Empezando por Jerusalén vosotros seréis testigos de todo esto. Yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre; por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que de lo alto os revistan de fuerza.
(Lc 24,45-49) |
(Silencio meditativo: ¿Qué me estás diciendo, Señor?).
Oración compartida: Estos personajes ss.cc. encarnaron el carisma en su momento histórico, ahora es nuestro turno, ¿a qué nos invita personalmente su testimonio para nuestro tiempo?
Padrenuestro.
Bendición con el Santísimo.
Rezamos juntos la oración final:
Honor y Gloria a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Ahora y siempre.