por Antonio Alcayde ss.cc.
Mira que estoy ante tu puerta y llamo. Un nuevo adviento llama a nuestra puerta. Cuatro semanas de camino hacia la navidad. Cuatro semanas abiertas a la Esperanza en que se concentra nuestra búsqueda de Dios y nuestra aspiración hacia una vida con sentido. Dios viene siempre. En la navidad de 2005, también.
Durante estos días he ido leyendo algunos textos litúrgicos de este tiempo fuerte de la liturgia de la Iglesia. Algunas frases me han llamado la atención. Por si nos pueden ayudar a vivir mejor y con mayor intensidad nuestra preparación al encuentro navideño con el Señor, los enumero.
Daos cuenta del momento que vivís. Vivimos una sola existencia y nos ha caído en suerte una vida de crisis y cambios. Y no podemos cruzarnos de brazos. Adviento es tiempo de trabajo.
Nuestra salvación está más cerca. Nuestra salvación está siempre cerca porque Dios nos llama a ella y cree y espera siempre de nosotros. Adviento es tiempo de Esperanza.
Ven, Señor, no tardes. Cuando el Señor viene a nosotros el amor y la verdad se encuentran. La justicia y la paz se besan. Ven, una vez más a unir nuestras manos para que construyamos juntos el edificio de nuestras vidas en la unidad y en el amor. Adviento es tiempo de oración.
Ven, caminemos a la luz del Señor. Hay que seguir caminando con ánimo e ilusión. Busquemos al Señor en nuestra vida. No importan las sombras. Siempre existe en el fondo de nuestro ser un rescoldo que aún caliente. Adviento es tiempo de revisión.
Podríamos seguir citando textos y más textos. Pero es mejor que este trabajo se realice personalmente. Así iremos construyendo cada uno nuestro propio tiempo de Adviento. Eso sí, unidos a toda la Iglesia. Con la lectura de los textos de la Palabra de Dios de la Eucaristía de cada día -y si es posible participando en ella- viviremos este tiempo apasionante. Y el encuentro con Cristo será más auténtico. Que la Virgen nos acompañe en este camino. Ella es Madre de la Esperanza.