Benedicto XVI

En este mes de abril se ha celebrado el segundo aniversario de la elección de Benedicto XVI. Parece que lo que se expresa en este artículo de Ramón Mera ss.cc., que escribió al inicio del Pontificado, con el paso del tiempo, se está mostrando bastante acertado…

La elección del cardenal Joseph Ratzinger para ocupar la Sede de Pedro ha suscitado reacciones y comentarios de toda índole. Los conocemos de sobra. Ante este acontecimiento, a los católicos nos incumbe no sólo aceptar su elección como lo que es -la voluntad de Dios para su Iglesia en este momento-, sino también adentrarnos con interés en todo aquello que nos pueda aportar una visión objetiva de su manera de entender el cristianismo y el mundo. Y datos no nos faltan. Quizá, tras la elección de otros Papas, haya habido que rebuscar a fondo entre sus eventuales escritos, intervenciones públicas, homilías, etc., para encontrar algo, normalmente más bien poco, que ayudase a saber por dónde iban los tiros. No es éste, ciertamente, el caso del Papa Benedicto XVI. Sus escritos son abundantísimos y de una riqueza envidiable.

Por eso me atrevería a decir, con toda sencillez, que ya con que unos cuantos millones de personas en el mundo, católicas o no, se animaran a leer y a meditar ahora sus libros y artículos, habría merecido la pena su Pontificado. Porque si uno de los objetivos de la lectura en general es el de sopesar nuestras ideas y convicciones, de forma que adquiramos una visión de las cosas lo más honda y amplia posible, los escritos del cristiano Joseph Ratzinger, desde los más tempranos a los más recientes, nos ofrecen para ello un material teológico de valor inestimable.

La libertad de opinión y de pensamiento nos permiten desarrollar y formular sin cortapisas externas nuestra manera personal de entender la realidad, pero dicha libertad puede servir también en ocasiones para solapar la ausencia de una tenaz y esforzada lucha por el descubrimiento de la verdad. A muchos hoy les basta con largar un par de eslóganes a la moda o algún que otro latiguillo cualquiera para pretender estar emitiendo una opinión libre, fundada y respetable sobre el asunto que sea. Contra esto, antropológica y teológicamente, los escritos del Papa actual actúan como un antídoto la mar de salutífero. Quizá se pueda disentir en algunos casos de lo que dice, pero nadie le puede negar su agudísima capacidad de análisis, a hondura y radicalidad de sus reflexiones, la originalidad de los matices que aporta a las cuestiones en litigio, la altura de pensamiento a la que vuela, su interesantísimo bucear en un nivel diferente del oleaje más inmediato, etc.

Por ello me he propuesto que estas líneas sobre el nuevo Papa para el Boletín del Calvario sean exclusivamente una invitación entusiasta a leerle con seriedad y apertura de espíritu. Si a las tradicionales obras de misericordia osamos añadir en este contexto la de dar de leer, recomendar vivamente y con alegría los escritos del ahora Papa Benedicto XVI es, si se me permite la expresión, un acto espléndido de amor. No me cabe la menor duda de que la acción de sopesar lo que uno experimenta, piensa, duda, sufre y se pregunta acerca de la suerte actual de la humanidad y del cristianismo, con la palabra escrita del Papa bávaro, será para cuantos se atrevan a hacerlo una fuente de bendición, de sano orgullo y de esperanza como seres humanos y como cristianos. Y si en algo descubrimos que no podemos seguirle, con que dicho disenso por nuestra parte poseyera parte del vigor reflexivo, la hondura espiritual y la sagacidad del pensamiento del actual Obispo de Roma, nos podríamos dar todos por satisfechos. Porque a buen seguro que terminaríamos siendo, también así, mucho más adultos como cristianos individuales y la Iglesia muchísimo más viva como comunidad de fe.