Padres Blancos en la Universidad

tomado del Boletín "Diócesis", de Málaga

El caso de Cristina no es el único, en Málaga, de un religioso o religiosa, es decir un cura o una monja, que está ampliando sus estudios en la Universidad de Málaga. Si nos acercamos a la parroquia Virgen del Camino, en la barriada de San Andrés, nos encontramos con la congregación de los Sagrados Corazones, también conocidos como Padres Blancos. Tienen entre ellos a José Luis Pérez, que fue ordenado sacerdote el 12 de junio de 2005. José afirma que “la vida religiosa es una historia de amor gratuita y nos e mide con reglas de utilidad pública, es una voz que grita que sólo Dios basta. Sin embargo, la vida religiosa pone al servicio de la sociedad sus mejores deseos y realizaciones para construir un mundo más justo y fraterno en colaboración con todos los hombres y mujeres de buena voluntad”. De ahí la necesidad de mejorar la formación de los religiosos, ya que esta formación “ensancha las posibilidades de servir a la Iglesia y a la sociedad. No es incompatible al vida religiosa con el estudio y el ejercicio de profesiones civiles. En mi caso, ser sacerdote y psicólogo no está al mismo nivel (lo primero está antes que lo segundo), pero se da entre estas dos vocaciones una complementariedad fecunda que hace bien a todos”.

OTRO ESTILO DE VIDA

Fernando Bueno está viviendo su primer año en la congregación, se encuentra en lo que la congregación llama el pre-noviciado, para conocer más a fondo la vida de esta familia religiosa. En su corto tiempo como miembro de esta comunidad, Fernando ha aprendido que la vida religiosa es “una manera de hacer ver que es posible otro estilo de vida, el estilo del seguimiento radical del Señor”. Este joven de tan sólo 20 años, se encuentra en su tercer año de Medicina y asegura que para él “la medicina es una prolongación de mi vocación religiosa, no es algo imposible de encajar, sino más bien algo que se complementen. Cada vez que voy al hospital no veo más que caras dolidas y preocupadas, caras de sufrimiento, y en esos momentos es cuando me alegro de ser médico y religioso, para poder tender una mano humana y acercar a la persona la alegría de sentirse querido y amado por el Señor”.