por Leopoldo Antolín ss.cc.
UN HOMBRE DE IGLESIA
La liturgia cuando es de verdad no necesita ser explicada, se vive.
Hoy, domingo 13 de marzo, en la misa de doce, que estaba a rebosar, no ha hecho falta explicar qué es un sacerdote, ni qué misión tiene en la Iglesia, allí estaba Paco, presidiendo la Eucaristía del día del Señor el día que cumplía 25 años de cura. Ante su Parroquia, a la que se debe, y que estaba allí en pleno porque espontánea y generosamente, como es ella, quería agradecer a su pastor la entrega cotidiana de su vida a esta iglesia concreta. Las lecturas del quinto domingo de Cuaresma: “… llamó en voz baja a su hermana María y le dijo: El Maestro está aquí y te llama” ( y te llama, y te llama, y te...).
En la entrada de la Iglesia un gran cartel nos daba la bienvenida con tres elementos: la fecha: 1980-2005, la persona: una foto de Paco, y el sentido: una oración de acción de gracias.
Muchísimos niños delante, jóvenes, adultos, mayores, su familia venida desde Sevilla y Madrid (su hermana Margarita, su hermano Antonio y su mujer, dos sobrinos, su madre), la comunidad de las hermanas y su comunidad religiosa de hermanos de la Congregación, hermanos también en el sacerdocio. La única familia de los hijos de Dios.
En la homilía después de comentar el Evangelio y hacer coincidir el final de éste: “Desatadlo y dejadlo ir” con su particular lema: ADELANTE, dio gracias a Dios por su vocación, por su familia, donde aprendió a rezar, por toda su trayectoria vital, mientras en las oraciones litúrgicas pedía a Dios:
“Señor, tú que has querido ponerme al frente de tu familia, no por mis méritos, sino por pura generosidad de tu gracia, concédeme realizar dignamente el ministerio sacerdotal…”.
Ya en la comunión, tras las acciones de gracias, Carmelo y Charo hicieron entrega a Paco, de una réplica en chico del cartel grande de la entrada, y le dieron otro a su madre. Paco rezó la oración que en él venía:
María Moreno salió al ambón y retomando las palabras de Paco, en las que dijo que el importante no es él, sino Dios que es quien obra a través de nosotros, leyó un precioso texto de la Escritura que hablaba del Espíritu de Dios:
“Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad. Crecí como cedro del Líbano y como ciprés del monte Hermón. Perfumé como cinamomo y espliego y di aroma como mirra exquisita. Como terebinto extendí mis raíces, un ramaje bello y frondoso; Como vid hermosa retoñé; mis flores y mis frutos son bellos y abundantes. Venid a mí los que me amáis, y saciaos de mis frutos; Mi nombre es más dulce que la miel, y mi herencia mejor que los panales. El que me come tendrá más hambre, el que me bebe tendrá más sed; el que me escucha no fracasará, el que me pone en práctica no pecará” (Eclo 24).
Y en un profundo silencio escuchamos el canto de Susana que nos decía:
Solo hay una cosa importante,
y es buscar siempre el Reino de Dios,
lo demás, se nos da por sobrante, todo es gracia de El,
todo es don.
Gracias, Señor, por este hermano nuestro que nos enseña día a día a casarnos con la Iglesia para entregarnos a ella en cuerpo y alma, sin desfallecer, para dar frutos, para crear una verdadera familia, para remitir siempre a Cristo nuestro hermano en la Eucaristía: “Ahora, todos en silencio mirando al altar, donde este pan y este vino se convertirán para nosotros en el cuerpo y la sangre de Cristo”.
Nos fuimos con buen sabor de boca, y no solo por la comida de después que a pesar de ser abundante no pudo llegar para tantos, sino por la recordatoria que Manoli nos fue dando y que mantendrá en nuestra memoria este día y este hombre de Dios, por detrás estaba escrito el sentimiento de su madre:
Tu alma, tu ser entero
y tu corazón gozoso,
ansiaban partir ligeros
camino del sacerdocio.
Yo, tu madre, que allí estaba
cerca, muy cerca de ti,
viví momentos de Cielo,
de angustia y de ilusión,
que también yo daba a Cristo
trozos de mi corazón.
Gratias Infinitas.