El carisma SS.CC. a través del cine


por Nacho Domínguez Alcántara, ss.cc.

De muchas formas ha hablado Dios a los hombres, pero parece que en estos tiempos de ocultamiento hubiera elegido el susurro como forma más habitual de comunicarse. Lo que no deja de tener sus ventajas. El susurro habla de un lenguaje más próximo, menos impositivo, favorable a una respetuosa intimidad.

El susurro es sugerente y así el Dios del susurro se hace sugerente. En especial para los que están gestando, entre la sorpresa, la ilusión y el desconcierto, su nueva intimidad incipiente. Sugerir es un arte que nos invita a abrirnos a nuestra realidad interna, y desde ella acoger la externa. invita a vivir creativamente; y a sentir y pensar con profundidad y rigor que nos vacune contra la superficialidad y manipulación.

La realidad adolescente y juvenil es un volcán de energías. Estallante a ratos, como las contradicciones de un verdadero parto, y pacífica fluidez otras, demanda apertura, horizonte y orientación. Una edad mala, se oye con frecuencia; edad difícil. Pero ¿qué edad del hombre no es difícil... y sugestiva y apasionante como todo parto?. También aquí los dolores se olvidan ante el gozo de la nueva criatura.

Dios habita las esperanzas, las tristeza, los deseos, gozos y angustias de los hombres, y en Él nos encontramos nosotros y en este arte del cine quedan proyectados como en ningún otro.

Lo tenemos por ejemplo en la película El rey león de Walt Disney, que nos ofrece un cuadro plástico de la noche del amor que Dios ha preparado con todo cuidado para el hombre. Simba ha tenido que huir después de que su tío Scar asesinara a Mufasa, su hermano y padre de Simba (la historia de Caín y Abel). Ayudado por Timón y pumba, Simba alcanza la adolescencia- juventud. Un día se encuentra de forma casual con Nala, su compañera de juegos en la niñez. Y en este reencuentro se encuadra la pintura de la noche del amor, el paraíso primero que añoramos porque lo llevamos dentro. Cascadas, estanques naturales en una naturaleza generosa, “la brisa de la noche, la luna, y el color”, el escenario ideal que Dios pensó, desde la eternidad de los tiempos, para el encuentro de salvación. La única amenaza en esta noche es que el rey no quiera ser quién debe ser, y quiera ser esclavo. Esconder su naturaleza y ahogar la voz de la sinceridad que la reclama, y pugna por hacerse oír.

Es Nala la que le dice a Simba que el pueblo está esperando a su rey, pero Simba no acepta. Sòlo en la noche miraba a las estrellas, (tal como las miraba Abraham pensando en la promesa de la descendencia). Será un mono el que tenga que darle las pistas, aunque primero hacerse digno de lo que es y hacer bien el mono para llamarle la atención y posteriormente, acompañarle. Él le llevará hasta la orilla, y allí verá Simba a su padre, que no ha muerto, Él está vivo en Simba: “Tú eres mi hijo amado, en quién me complazco”. Simba ya sabe quién es, es el Hijo, el Rey y tiene que cumplir su misión. Tendrá que atravesar el desierto primero, después contemplar su tierra desolada, y junto con otros, repararla. Simba ha encontrado su identidad y su verdadero camino, y la adoración y reparación forman parte de él.

¿Qué camino elijo yo?. Es la disyuntiva que se nos presenta tantas veces en la vida. En la adolescencia y en la juventud, como si estuviéramos instalados en la pregunta. Es la situación que se le presenta también a Pocahontas, cuando su padre le ofrece ponerle tienda y marido. La vida resuelta a cambio de que otro la viva por ti. Pero a ella le gusta el constante fluir de las aguas del río de la vida. Y decide vivirla. así que contra pronóstico elige lo aparentemente menos razonable.

Ha bajado el impetuoso río con su canoa india; en la bifurcación se detiene un momento, y elige la vía estrecha. a la izquierda, queda la vía ancha y apacible. Una elección a primera vista, nada razonable. El camino elegido se estrecha cada vez más, hay que agacharse. Al final, el río estrecho desemboca en un océano de sabiduría: la abuela sauce. El árbol de la ciencia del comer que esponja el corazón: “Abre el corazón y lo entenderás”. Esa sabiduría del corazón es la que le abre a Pocahontas al manjar del mundo que representa el capitán Smith. La que les convierte en trabajadores infatigables (con celo apostólico) de la paz entre los pueblos. Por eso, verdaderos hijos de Dios, que dice la bienaventuranza.

En la película Aladín sólo Aladino puede entrar en el secreto. Puede entrar porque es un diamante en bruto. Ningún ladrón tiene acceso; aunque lo intente. La puerta de entrada se llama confianza. Para iniciar el vuelo al mundo ideal, Aladino tiende la mano a Jazmín invitándola a que suba a su alfombra mágica con esta frase: “¿Confías en mí, confías en mí?”.

El umbral de la confianza solo se puede cruzar con la virtud de la nobleza. Ya dentro, hay que superar la dura prueba de dejarse fascinar por lo secundario, por valioso que parezca, si uno quiere llegar a lo mejor: EL CORAZÓN.

Es el verdadero secreto que cuenta la película de Titanic. A Rose le dan la vida resuelta y aquí la suerte de encontrarse con un Jack, experto en perlas preciosas, que le dice que le están timando. Y le rapta en su alfombra mágica- tejida con el arte de ver personas- al mundo ideal (de Aladín). En una bella secuencia Jack la lleva a proa- horizonte abierto- y como dos pájaros emprenden juntos un vuelo alto, muy alto, hasta las estrellas, a la primera aurora.

Es el momento en el que a la alumna se le cae las lágrimas, y el profesor dice: - “un punto más porque has hecho bien la tarea que te he mandado, meterte del todo”. Las escenas se les quedan grabadas, y posteriormente, ya las irán interpretando. Lo importante ahora es meterse de lleno, de corazón en la tarea.

Que la escena no es el romanticismo fácil de un momento lo muestra la sobrecogedora escena de un Jack dispuesto a hundirse en las heladas aguas del océano por dejar a Rose la tabla de la salvación. El camino estrecho conduce (lo visto en Pocahontas), a la sabiduría de la vida, a la apertura del corazón constructor de paz. Algunos de los que han provocado la catástrofe del Titanic y han robado un sitio en los botes salvavidas, son espectros vivientes.

Pero hay quiénes pasan de ser mercenarios a hombres nuevos, como Rodrigo Mendoza en la película la misión, y así se da la reparación personal.

El P. Gabriel vuelve de su misión de S. Carlos, de más arriba de las cataratas al convento base. Viene descalzo, jarrea. Unos niños se le acercan en la calle, siempre hay algunas golosinas para ellos. El superior del convento encarga al P. Gabriel una tarea “que creo sólo vuestra merced puede llevarlo a cabo”. Mientras suena en Gregoriano el Gloria in excelsis Deo (la gloria de Dios es que el hombre viva). Rodrigo no desea ver a nadie, sólo quiere morir. La ley no puede tocar a Rodrigo, fue un duelo, pero él está hundido. Ya dijo S. Pablo que la ley no da vida, y por eso, no justifica. Sin los valores sobre los que se sustentan, la ley acaba siendo instrumento de opresión en manos de los poderosos. El remordimiento es fruto del amor y principio de salvación.

Es más que admirable la maestría del P. Gabriel en el arte del acompañamiento. El reto que le ha propuesto a Rodrigo, lo ha recorrido él primero. Se inicia la espectacular subida de las cataratas. Rodrigo, descalzo, arrastra los instrumentos de opresión, esclavitud y muerte a los que había dedicado hasta ahora su vida. Con su trazo apenas sugerido, un elemento esencial en el arte de acompañar: la oración “Alma de Cristo, santifícame,...”. Oración Cristológica, resume la pasión. Cristo muere por nosotros y por todos los hombres porque su padre no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Que salga del agujero a contemplar mejores vistas. Ese Cristo, imponente en su pasión, se llama Jesús, es bastión y fuerza frente al maligno enemigo. El agua del costado son los ríos de agua viva que brotan del nuevo templo, Jesucristo, presencia de Dios, lugar de vida.

Y los alumnos preguntan: - ¿Profesor no nos vas a poner la película del cura que está en la isla con los leprosos?. Y eso que ya les avisó que esperaran unos minutos cuando ellos dijeron: - ¡Qué rollo en blanco y negro!

Ellos se metieron de lleno y de nuevo hicieron su tarea. Molokai con el P. Damián también es lugar de vida, la adoración eucarística será el alimento para llegar hasta el final. Por ahora, suena la campana y es el momento de celebrar la eucaristía.

En la película Fantasía aparece el demonio (666) haciendo de las suyas, y cuando está apunto el mal de terminar con toda la creación, resulta que suena una campana, el demonio huye, y aparece un pueblo entero alzando antorchas en medio de la oscuridad: Es el cortejo de los santos y suena la música a hundred saints saints are marching in, que canta L. Armstrong (a la vez que caminan). El 6 no llega a ser el número de plenitud, el 7 sí que lo es y todo va a recobrar vida, y una vida en abundancia, y aquí por último se nos presenta el final de los tiempos en lenguaje apocalíptico.