Marzo 2005
Queridos hermanos:
Con este número de “Nosotros” queremos tener un recuerdo muy especial de la celebración de los primeros cincuenta años de la presencia de la Congregación en Andalucía. Nuestro homenaje no exento de emoción es, en primer lugar, para los hermanos que con ilusión, mucha esperanza y no pocas dificultades comenzaron la tarea de sembrar el carisma de los Sagrados Corazones en nuestra tierra. Algunos de ellos están aún entre nosotros y desde aquí nos gustaría pudieran sentir nuestro agradecimiento.
Lanzarnos a nuevas tierras, a otros mundos sin saber bien qué vamos a hacer o cómo vamos a vivir y responder con generosidad a las llamadas de las Iglesias locales, vengan de dónde vengan y sin pensarlo dos veces, es algo que aprendimos bien de nuestros fundadores.
La provincia española fue tremendamente generosa en su implantación en las regiones del sur, para muchos era como ir a misiones (¡hasta había palmeras!) más a África que a Europa. También supuso un cambio de perspectiva en la misión de la provincia. Sólo se fundó un Colegio al estilo de los que ya se tenían y se comenzó a atender y colaborar en Parroquias, tarea hasta entonces inédita. Incluso una obra educativa como fue el Colegio Valcárcel aportaba sobresalientes novedades en la misión del conjunto de la Provincia de España. La colaboración y la apertura a las Iglesias locales también fue siempre un rasgo distintivo de nuestra presencia en Andalucía, algo sobradamente reconocido por los Pastores de dichas Iglesias, como algunos de ellos expresan más adelante.
Fidelidad y novedad se dieron la mano en el comienzo de la andaluza andadura congregacional. Algo tan de moda hoy en el vocabulario en circulación sobre la vida religiosa ya estaba entonces presente, y es algo a no perder nunca en el futuro de nuestro patrimonio espiritual y misionero.
El estilo de la implantación en Andalucía también fue resultado de la mejor reflexión post-conciliar de los gobiernos de la Provincia madre de España y de los primeros Gobiernos Viceprovinciales. Comunidades pequeñas, presencia entre los más pobres, misión en ambientes populares y desfavorecidos, hacer Iglesia donde otros no quieren estar, construcción de comunidades populares, dedicación a los jóvenes,… son rasgos de la herencia que hemos recibido al comenzar nuestra andadura como Provincia posteriormente.
El trabajo conjunto con las hermanas también estuvo desde los primeros días presente en nuestra misión en Andalucía. Cádiz, San Fernando o la Escuela de Magisterio de Jerez son nombres a no dejar caer en el olvido en el camino del mutuo reconocimiento entre hermanos y hermanas.
En fin la historia siempre suena a gente vieja y mayor, ¿sólo historias que contar? No. Echar raíces es fundamentar la vida. Hoy podemos decir con orgullo que Andalucía es tierra que hace Congregación, que Andalucía ya es nuestra tierra. El muecín llama a la oración en la cercana mezquita del barrio. No, no estoy en la antigua Al-Andalus. Estoy en Calcuta (Kolkata le gusta decir a nuestro “dear” Fefe) donde una vez más la Congregación se lanza a buscar nuevas tierras, nuevas gentes para compartir el gran tesoro que heredamos de nuestros mayores y que tenemos la obligación de transmitir.
Sevilla, marzo 2005
Juan Manuel de Mula, ss.cc.
Superior Provincial