Gerardo Zamora Borobio ss.cc.: "Desde el atardecer de la vida"

Aquí estamos los mozos de los 80 cumplidos: Fabián (1924), Nicolás (1924) y Gerardo (1923). Queramos o no, nos vamos acercando al atardecer de la vida. Dicho así, parece hasta alegre y gozoso, si pienso en esos atardeceres de puestas de sol, claros y luminosos campos y sierras de la vieja Castilla, tan cantada por nuestro Machado.

Los dos tercios de la vida religiosa se viven desde la clave del “HACER”, el resto es el momento del “DEJARSE HACER”. Los años nos van despojando de gustos, preferencias, cargos, responsabilidades y nos llevan a la aceptación de vivir de otra forma: más oculta, sencilla, humilde y servicial, camino de la jubilación, haciendo ya posibles las palabras del Apóstol Pablo: Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí.

"Los dos tercios
de la vida religiosa
se viven desde la clave
del 'HACER',
el resto
es el momento
del 'DEJARSE HACER'".

Dicho esto como preámbulo voy ahora a limitarme al tiempo de mi “HACER” que abarca hasta los 65 años, parte vividos en comunidades del norte: Miranda, Madrid, Barcelona, de nuevo Madrid; y luego Andalucía: Sevilla, San Fernando y Jerez de la Frontera.

Mi “HACER” en el norte son años de mucha vitalidad. De ellos sólo me voy a limitar a dos momentos que han marcado el afianzamiento de mi vida religiosa: el Escolasticado y mi sacerdocio. Fueron momentos difíciles, por los cambios vividos en la Iglesia, la posguerra y el Concilio Vaticano II. De estos dos momentos ya escribí en el año del Bicentenario (cfr. Revista Nosotros, Mayo-Junio 99, pág. 30 ss.) y ahora transcribo algunos párrafos que creo muy significativos.

ESCOLASTICADO: ASENTAMIENTO DE LA VOCACIÓN.

Llegué hasta esta frontera: “Filosofía-Teología” (18 a 24 años) llevado por las circunstancias que jalonaron mi vida, pero aquí, yo, quise ser yo mismo. La reflexión, la oración, los estudios y la grata convivencia con profesores y compañeros venidos de la guerra me hicieron madurar y valorar la sencillez y fraternidad que se vivía en la Congregación.

Mi Escolasticado fue muy variado en edades, lo que lo hacía más rico. A él llegaron, para continuar los estudios interrumpido, los estudiantes procedentes de la guerra recién terminada: unos del frente, otros de las cárceles. Su vuelta era para nosotros un gran estímulo, un ejemplo vivo de vocaciones firmes y curtidas. De hecho sólo uno se quedó en el camino, todos volvieron. Los conocéis o los habéis conocido: Ildefonso, Victorino, Tarsicio, Rodrigo, Germán, Federico, Bonifacio, Ernesto.

Aquella vocación recién nacida en el fervor del Noviciado se fue madurando y profundizando. Todo esto me llevó definitivamente a pedir la Profesión Perpetua y posteriormente, a los 24 años, las Órdenes Sagradas. Llegado a esta meta comienza mi “PRIMER HACER” a los 33 años en Madrid –Colegio Martín de los Heros-. Gratos recuerdos vividos en este Colegio llenos de ilusión, sobretodo por la novedad de su reapertura después de la guerra, su reconstrucción llevada por el P. Ignacio de la Cruz Baños -60 alumnos, Director P. Recaredo, Secretario P. Lorenzo, Universitarios Padre Isidro Mª Andreu y servidor peón de aulas. A los 33 años me nombran Superior y Director del Centro (sin título). Agotado los períodos de Superior en esta comunidad comencé a rodas, más de lo mismo por los distintos colegios: Valvidriera, Claudio Coello y Sevilla, etc. (cfr. más detalle de estos años en Nosotros, idem, pp. 32-33).

Al llegar aquí tengo los 43 años de edad, a mitad de camino, en plena madurez, y en plena actividad, cuando me tocó vivir el despertar de la Iglesia con el Concilio Vaticano II. En este nuevo caminar hay de todo: cuestas arriba, paradas, escollos, repliegues, avances y también ilusiones. Para nosotros, sacerdotes jóvenes era un contraste muy grande entre lo recibido en las aulas y lo que nos ofrecía el Vaticano II. Era un ofrecimiento bello, hermoso, deseable y esperado... De lo recibido, quedaría las raíces fuertes y profundas pero de ellas tenían que brotar un nuevo árbol más fresco y renovado.

En esta situación de dudas, más de una vez pensé en aquella escena del Evangelio, en la que le siguen a Jesús los primeros discípulos... ¿Qué buscáis?... ¿Dónde vives?... Éste que buscáis se me hizo muy presente y me empujaba a preguntarme como ellos: ¿dónde vives ahora, Señor? La respuesta Ven y lo verás era clara, o quedarse anclado en el pasado o vivir la aventura del futuro, de puertas abierta al mundo (cfr. Nosotros, ibidem, p. 35).

EN ANDALUCÍA: SEVILLA. Me queda un poco de “MI HACER”. Llego en septiembre de 1972 destinado a la Primaria. Tras unos cursillos sobre la enseñanza personalizada, me encomiendan la implantación de la E.G.B. en los primeros cursos. Como un alumno más voy llevando estos chicos hasta el Bachillerato. Luego la Administración, las obras del Polideportivo, la informatización del Colegio, tutorías, clases, etc., y aún tengo tiempo para desarrollar mis aficiones y gusto por las flores, jardín y fuentes, etc. Y me llegó el momento de dejar la enseñanza y salir de sus moldes para entrar en otra vida. La verdad sea dicha, me costó mucho, pero me ha favorecido más de lo que yo pensaba, abriéndome a nuevos caminos en el ministerio pastoral, que aunque viejo es Pedro para cabrero, aún sin zurrón ni perro, hacemos lo que podemos.

Es cierto que el ministerio sacerdotal tiene muchas vertientes, entre ellas la enseñanza, y a ella dediqué los mejores años de la vida. Tengo que decir que me siento satisfecho de haberlos gastado a decenas en nuestros colegios. Fueron los años de “MI HACER”. Creo haber dejado algo bueno de Dios en ellos.

Y ahora empiezan los años de “ MI DEJARME HACER”. Estoy sobre los 65 años de edad, año 1993. Me encuentro en Conde Gálvez. Aquí me destinan para hacer comunidad con los jóvenes estudiantes y novicios. También alterno con algunos trabajos en el Colegio: clases de Matemáticas, Administración, informatización del centro, etc.

Mi paso por Conde Gálvez, tres años, fue muy rico y gratificante. Me sentí muy querido por los jóvenes, aprendí mucho de ellos. Nuestra convivencia era muy familiar, me sirvió para abrirme a otros ambientes y enriquecerme con otros valores que nos ofrecían los jóvenes del Centro de Estudios. El paso por Conde Gálvez fue para mí como el puente para pasar a Parroquias donde terminará mi currículo.

Por un ajuste de personal de la casa, al desaparecer los estudiantes, fui trasladado a la Parroquia de San Fernando en la que permanecí un año para terminar por fin en San Pablo hasta la fecha 2005.

De los 15 años dedicados en la Pastoral de las Parroquias de San Fernando y Jerez, a pesar de mi falta de preparación inicial voy cumpliendo con bastante sacrificio. Me cuesta mucho la predicación, no así el trato con la gente, pues fácilmente me hago familiar. Estoy agradecido a los compañeros con lo que trabajo y he trabajado en años anteriores.

Mi afición por las plantas, jardines y huerto ha sido una afición necesaria para conservarme en salud y en equilibrio temperamental. Y no quiero terminar mi trabajo sin agradecer a las hermanas nuestra relación familiar y fraterna ss.cc., tanto a nivel personal como entre comunidades.

Espero haber dejado historia y memoria testimonial de hechos importantes, y sobre todo de gratos recuerdos de hermanos con quienes he convivido y han contribuido en mi vocación. ¡GRACIAS!

Gerardo Zamora Borobio ss.cc.