Miguel Ángel Martínez ss.cc.: toda una vida para la Congregación

Ya hace un tiempo que Fernando me encargó que expusiera en pocas líneas mi testimonio como representante de la generación de los que estamos en los 60. Lo he ido dejando hasta que él mismo me ha recordado que debo hacerlo a no ser que quiera que se quede la página en blanco de los de mi generación. Reconozco que soy muy remiso a escribir y más si se trata de algo como esto que lleva consigo el abrirse y enseñar lo que uno ha ido sintiendo y viviendo. Vaya en primer lugar la primera constatación de que creo que no tengo muchas cosas que contar. Mi trayectoria ha sido muy sencilla, muy normal y creo que no es ni para ser airada ni mucho menos para servir de ejemplo ni de modelo. Pero aquí la tenéis.

"Tengo muy claro
que lo mucho
o poco que tengo
y lo poquito
que soy se lo debo
a Él
y a la Congregación".

Lo primero que me llama la atención en mi experiencia religiosa y que, en más de una ocasión lo he expuesto en alguna reunión, es que de mi cursos de formación (Miranda, S. Miguel, El Escorial) quedamos en la Congregación muy poquitos. Los más inquietos se fueron saliendo de ella, algunos, incluso después de su ordenación sacerdotal. Otros se han ido definitivamente porque ya están gozando del Señor. ¿Es casualidad, coincidencia o algo más? Yo lo entiendo como una realidad que ahí está y que asumo como un estímulo que el Señor me pone para que siga dándole a Él y a la Congregación todo lo que yo pueda darle. Tengo muy claro que lo mucho o poco que tengo y lo poquito que soy se lo debo a Él y a la Congregación.

En mis tiempos de Valcárcel, en Cádiz, mis años mozos, creí que podría cambiar el mundo, mi pequeño mundo del grupo de “pequeños”. No soy hombre de grandes ideas, planes, proyectos… Pero sí que me sentía muy unido y muy identificado con el grupo de Hermanos (luego también de Hermanas). Teníamos entre manos un trabajo muy bonito, una misión muy interesante y, hasta cuando y donde nos dejaron, supimos dar una respuesta digna y noble a lo que se nos pedía de una manera institucional y sobre todo personal con los niños y jóvenes que teníamos encomendados. Ya ahora, con la distancia, uno reconoce que no solamente trabaja, se comunica y aporta o enriquece a otros, sino que sobre todo aprende mucho. Me sentí muy a gusto entre lo que yo entonces llamaba “mis niños”, en mi comunidad de religiosos, en la que tanto los Hermanos como las Hermanas guardamos un recuerdo muy bueno y la tenemos como experiencia muy fuerte de lo que allí hicimos y vivimos y que lo seguimos llevando muy dentro.

Luego vino Sevilla. Diez años que también me marcaron mucho: acabar los estudios de Filología en la Universidad, dar clases en la entonces EGB, suplir al P. Fabián en la Prefectura de Estudios de BUP… Y, lo que me resultó más chocante y preocupante, suplir al P. Gerardo (entonces Teófilo) en la administración del Colegio S. José. Ya antes le había suplido en el pasatiempo de cuidar del mantenimiento del colegio. Dar clases, responsabilidades de Jefatura de Estudios de BUP, administración del Colegio, mantenimiento, deporte… Todo me parecía poco si me comparaba con el ritmo que llevaban otros miembros de la comunidad. No estoy solo, me decía a mí mismo. Formo parte de un equipo, de un grupo, de una comunidad. Siempre me ha marcado mucho la comunidad. Es ella la que está junto a mí, la que me hace sentirme muy acompañado y también muy seguro en mis grandes o pequeñas inseguridades.

Ocho años en S. Fernando Con malos comienzos porque entre achaques de hernia discal y consiguiente operación en diciembre, hasta bien entrado el curso no cogí el carro de la marcha normal del Hogar. Nueva experiencia con niños especiales, muy distintos de los de S. José y también de los de Cádiz, con los que podrían tener alguna similitud y que quedaba solamente en eso. Una vez más, me quedó como referente la importancia del trabajo en equipo en su doble perspectiva de equipo de trabajo y de equipo de comunidad. Resalto esto segundo como faceta importante en mi experiencia religiosa ya que la comunidad me puso al frente de ella como responsable y siempre les dije que ser responsable de una comunidad muy responsable no es ningún cargo ni carga. Soy hombre de la docencia y mis primeros pasos de colaboración más directa en la Parroquia fueron en esta comunidad. No podía ser menos. Si otros que eran y siguen siendo muy de parroquia aportan su granito de arena en lo docente ¿por qué no podía hacer lo mismo en sentido inverso? Reconozco que también en estos años es más lo que yo pude aprender que lo que yo pude enseñar: Instituto (novedad total para mí), Hogar y Parroquia, en mucha menor proporción, eran los tres ejes sobre los que giraban mis pasos y los de la comunidad. Sentirse uno útil, valorado y reconocido, incluso con los defectos, es algo que debo a todos los que en un momento u otro han pasado como miembros de la comunidad de S. Fernando, también de la comunidad de Hermanas porque para mí no formábamos dos comunidades. Nos sentíamos una misma comunidad . Yo al menos así lo sentía. No puedo olvidar que fue en esta época cuando me tocó vivir los momentos duros de la enfermedad y muerte de mis padres y mis tres hermanos. Es cuando uno ve que tu Congregación es una familia auténtica.

Y, por fin, Jerez. Y aquí pongo fin a mi escrito porque es todavía algo muy inmediato. Espero que el tiempo me irá diciendo también que soy feliz, que Dios quiere que siga haciendo felices a los que están junto a mí. Los niños del Instituto, la gente de la Parroquia, los de la plaza de arriba y los que con demasiada frecuencia nos han visitado por las noches en la Parroquia…Todos merecen que yo les aporte algo de lo que el Señor me ha dado.

Miguel Ángel Martínez Gómez ss.cc.