Crónica de la Ordenación de diácono de José Luis Pérez ss.cc.

por Antonio Oviedo ss.cc.

Han encargado a esta humilde pluma la crónica de la ordenación diaconal de José Luis Pérez Castañeda. Como no tiene por costumbre recurrir a los ditirambos y, por otra parte, tan inútil es contar el desarrollo de una ordenación a los que no estuvieron como repetírselo a los que estuvieron presentes, me ciño a destacar algunos aspectos del acontecimiento vivido.

Durante la semana que precedió al 20 de noviembre - ¡caramba con la fecha! -, estuvimos acompañando a Jose con la oración y el estímulo, tanto la comunidad religiosa como la parroquial. A cada religioso nos entregó una copia de la petición de ordenación, un detalle que nos ayudó a rezar y a revivir el don del diaconado que un día recibimos para siempre los ahora presbíteros.

La ordenación tuvo lugar en el marco de la comunidad parroquial, a la hora habitual de la Eucaristía del sábado por la tarde, la más representativa de la parroquia. Tanto el acto en sí como su preparación y el posterior refrigerio dieron lugar a la participación de la comunidad entera y a las intervenciones particulares de muchas personas. No sólo los jóvenes sino personas de todas las edades se volcaron para crear un ambiente de fiesta comunitaria. Resultó muy hermoso contemplar que tantas personas vivían la ordenación como algo propio. Como siempre, hay que destacar el “trabajo sucio” de muchas personas: limpieza, ornamentación, preparación de viandas, movimiento de mesas y macetas, etc.

Como es natural, en el momento de comenzar el festejo ya se había puesto el cartel de “No hay billetes” en nuestro albero malagueño. La mayoría de los presentes pertenecía a la parroquia pero también hubo algunos venidos de lejos: hermanos y hermanas de las comunidades de Andalucía, miembros de la rama secular y otros. En lugar destacado se encontraban los padres de Jose, junto con sus hermanos y sobrinos. Presidió el acto D. Antonio Dorado, nuestro obispo, acompañado de D. Francisco González, vicario de la ciudad; ambos aprecian mucho a la Congregación y a sus miembros.

Las diferentes funciones litúrgicas fueron desempeñadas por distintos miembros de la comunidad parroquial, que representaban a los distintos sectores. En conjunto fue una celebración sencilla y cálida, que culminó, como es natural, en el rito de ordenación y en la celebración eucarística. Antes de acabar el acto, José dirigió unas hermosas palabras de gratitud a los presentes; nos dijo que eran espontáneas, aunque algunos se resistieron a creer.

En suma, la ordenación ha sido un acontecimiento parroquial, porque ha expresado lo que hay y ha estimulado a que la comunidad siga creciendo. Fue muy reconfortante, por otra parte, ver la satisfacción de los padres de Jose, en medio de un viaje que les resultaba complicado. Estoy seguro de que el regreso fue todavía más gozoso que la venida.

Sólo queda por decir que el acto de la ordenación y su coda gastronómica se desarrollaron con exquisita puntualidad, impropia de esta tierra. Esta circunstancia permitió que algunos pudieran contemplar y vivir el Barcelona – Real Madrid (ojalá no lo hubieran hecho). Claro que, por si acaso y atendiendo a una correcta jerarquía de valores, convendrá fijar las ordenaciones teniendo a la vista el calendario de la Liga.