A finales del año 2003 salió publicado en la editorial San Pablo “El Evangelio de cada día”, reflexiones del recién nombrado cardenal Tomas Spidlik. Es una lectura espiritual del Evangelio del día, que apoyada en la tradición de los Padres de la Iglesia puede sernos de gran ayuda para nuestra oración personal. Quien quiera probarlo que lea primero Lc 11,14-13 y después el siguiente comentario:
Ocurre a menudo en el Antiguo Testamento. Israel está en peligro, está a punto de ser invadida por un ejército extranjero. Entonces los reyes buscan aliados, siempre extranjeros, contra los asirios y los babilonios, piden ayuda a los egipcios y viceversa. Sin embargo, siempre surge algún profeta y les condena con una simple predicación: si no continuáis firmemente teniendo fe, moriréis (Is7,9). En otras palabras, en el peligro hay que poner la confianza sólo en Dios y en nadie más. El mal, en efecto, se puede también expulsar con otro mal, pero el resultado final es peor que el remedio.
La historia de Israel es la imagen de lo que ocurre en el alma humana, donde las malas inclinaciones luchan entre sí para conquistar el poder sobre el corazón. La avaricia contra la embriaguez, la soberbia contra la pereza, la vanagloria contra la tristeza. El corazón no estará nunca en paz hasta que Dios mismo lo defienda. Como dice San Agustín: “El corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”
El segundo libro de Samuel describe la subida de David al trono. Se narra con detalle cómo fortificó Jerusalén, cómo sometió a los demás pueblos y cómo solía orar: “¡El Señor de los ejércitos es el Dios de Israel!¡Mantén firme la casa de tu siervo David!”(2Sam7,26). En la literatura espiritual, Jerusalén es símbolo del corazón humano. El corazón lo defiende el Señor, pero nosotros también tenemos que esforzarnos para protegerlo. La defensa del corazón son las virtudes. Pero, ¿qué virtud es tan fuerte como para tener a las demás como aliadas?
Casi todos los autores espirituales están de acuerdo en que es la caridad. San Efrén la compara con un fuego que arde en el corazón: ninguna tentación puede acercarse. Da un ejemplo muy realista. En oriente se cocinaba al aire libre y las moscas eran atraídas por la comida. Pero las moscas acababan en la sopa sólo cuando estaba fría; mientras estaba caliente ni siquiera podían volar encima de ella. Lo mismo ocurre con el corazón: mientras arde de amor, ningún mal pensamiento puede acercarse.