Testimonio de José Luis Pérez ss.cc.,
en la Asamblea de Verano de la Península Ibérica
27 de agosto de 2005
La organización nos dio un pequeño esquema para que reflexionáramos sobre nuestra relación con el Corazón de Jesús. A mí me ha permitido hacer memoria de lo que han sido estos once años en la Congregación, que son ya once años, aunque alguno me pregunta todavía: ¿Tú eres el prenovicio? Me ha permitido confrontar y ver cómo ha sido la conclusión o el fruto de estos años.
La primera pregunta que ponían los organizadores era: ¿Qué significa para ti el Corazón de Jesús? Esta pregunta tiene un afán de definir el Corazón de Jesús que a mí me parece imposible. Para mí, en primer lugar, el Corazón de Jesús es un misterio, entendido como algo que no puede ser atrapado, como algo que no puede ser entendido ni conocido plenamente si no entras en ese misterio, si no te relacionas con Él. El Corazón de Jesús es conocido cuando uno habita en Él. Está para ser conocido, está para ser vivido, está para ser contemplado, para empaparte de Él. Por lo menos esa es mi experiencia. Creo que esto es bueno porque así no se agota en mí la experiencia del Corazón de Jesús, ni puede ser contada del todo, siempre queda el deseo primero de seguir conociéndolo. En segundo lugar, el Corazón de Jesús es una intimidad. La intimidad sabemos todos lo que es: algo que la persona ofrece, no es algo que podamos quitarle a la otra persona o robarle. Es algo que la persona ofrece a quien ama. Entonces, para mí el Corazón de Jesús es la intimidad de un Dios que se regala a nosotros porque nos quiere. Y, finalmente, una de las experiencias más recientes, que me costado más trabajo personal para la comprensión de este misterio, es saber qué relación tiene el Corazón de Jesús con el Corazón de María. En las Constituciones dice que están unidos, que no se pueden separar, que son indisociables. Están irrevocablemente unidos. Y yo no sabía por qué. Sin embargo, cada vez me doy más cuenta de lo que dicen nuestras Constituciones: que el Corazón de Jesús y el de María no pueden separarse, forman parte de una única experiencia. Ahora mismo estoy llamado a asemejarme al Corazón de María para acoger al Corazón de Jesús, para acoger el don, este misterio inatrapable, esta intimidad regalada. Esto me libera, porque a veces decimos: hay que asemejarse al Corazón de Jesús. Y tú ahí con conquistas, a ver si lo consigo, a ver si me parezco en algo, a ver si cambio, y hago mi proyecto personal y todas esas cosas... El Corazón de María me libera y me sitúa ante el Corazón de Jesús de manera distinta, porque no es algo ya de conquista, de sobreesfuerzos humanos, sino que, en definitiva, es disponerse a acoger y a percibir esa identidad íntima del Corazón de Jesús.
¿Hay algún texto bíblico que resuene más en ti?
Si no fuera por el Evangelio no conocería el Corazón del Señor.
Hay uno, que fue el que elegí para la profesión perpetua, que siempre me ha llamado poderosamente la atención. Es el de “venid a mí los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré; cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. No sé por qué este texto me cautiva, no se me quita de la cabeza y en la oración se me viene muchas veces a mi mente y a mi corazón. Este texto tiene dos partes: una, que es la acogida del Corazón de Jesús (“venid a mí”, “yo os aliviaré”, “encontraréis vuestro descanso”). Y otra, exigente, que nos dice: “aprended de mí”. Este texto es un “texto ancla”. El ancla se echa al mar y aguanta el barco contra la tormenta o contra todo lo que venga. Este texto me ha servido, cuando he pasado por momentos difíciles, para encontrar el descanso, encontrar el alivio, encontrar el sentido y encontrar la invitación “aprended de mí”.
Mi experiencia de todos estos años de formación del Corazón de Jesús creo que pivota sobre tres patas de banco:
- La primera es descubrir que el Corazón de Jesús es misericordioso. Esto lo he encontrado fundamentalmente en el sacramento del perdón. En él he experimentado que el Corazón de Jesús siempre perdona, siempre está ahí. En la película que vimos ayer, “Mi vida sin mí”, hay un momento en que el marido le dice a la mujer que nunca le ha reprochado nada. Y añade. “Me gustaría ser mejor para ti”. Ésa es la experiencia que tengo cuando descubro al Corazón de Jesús.
- El Corazón de Jesús es un Corazón paciente. Esto lo he visto mucho en mis hermanos, en su relación conmigo. Es la experiencia de que Dios y los hermanos, en todo este camino han sido pacientes conmigo. Pacientes en el sentido de esperar, en el sentido de esperarme, y en el sentido de “padecer con”.
- La experiencia del Dios amigo de los sencillos. Para mí hay dos experiencias muy positivas en este sentido: una es el barrio en que nací, en que me crié hasta los doce años, un barrio sencillito, un barrio sin muchas pretensiones de grandezas. Otra, ha sido descubrir este Corazón de Jesús, amigo de los sencillos, en el testimonio de los misioneros. Ellos me han revelado mucho de cómo es Su Corazón.
Esto dinamiza en mí, por un lado, la compasión por este Dios misericordioso y la paciencia en mi trabajo. Por otro lado, la experiencia de que los sencillos se cuelen en mi corazón de manera inmediata, que no ponga muchas exigencias, que los prejuicios se caigan en seguida. Esa actitud es una gracia del Corazón de Jesús.
En mi experiencia ha aparecido más tarde el descubrimiento del Corazón traspasado de Cristo. Quizá en los años de la teología y cuando he descubierto más el sentido de la Semana Santa. Descubrir el Corazón traspasado de Jesús me ha hecho llegar a la conclusión de que ninguna historia es “redonda”, ni la de los que me rodean ni la mía., de que ninguna historia es brillante, de que el único camino para ser feliz en este mundo es tener el corazón traspasado, no un corazón unificado, maravilloso y “redondo”. A mí eso me ha aliviado mucho; como decía el texto de Mateo: me ha descansado.
En mi labor actual, de sacerdote, de responsable de los jóvenes y los niños, más que decir grandes experiencias, encuentro grandes invitaciones o grandes retos.
• Asemejarme al Corazón del Pastor, ese Pastor que mira compasivo a la muchedumbre. Es una invitación al desarrollo inmediato de mi persona, de mi ministerio.
• Tener el Corazón del Esposo, que es un Corazón casto. Un corazón casto para mí es un corazón universal, un corazón donde cabe mucha gente, donde la gente no sale de mi vida a la primera de cambio.
• Y después y sobre todo, a vivir con intensidad la Eucaristía, desde mi ministerio, a promover la fraternidad, la comunión, el diálogo entre mis hermanos. Y con los jóvenes, todos sabemos lo difícil que es trabajar con jóvenes, a mí el Corazón de Jesús me ayuda mucho a comprender que con los jóvenes también hay que tener paciencia. He aprendido a trabajar a largo plazo, nunca a corto plazo, porque creo que el corto plazo al Señor no le ha servido conmigo: tampoco lo voy a imponer a los demás. A tener más compasión de ellos, no a tener más exigencias que compasión.
¿Cómo traducirías el “Corazón de Jesús” al mundo de hoy?
No lo traduciría. El corazón llega como lenguaje, como experiencia, al corazón de la gente.