por Julio García, ss.cc
Alabar a la juventud es uno de los ejercicios más perversos e irresponsables con los que nos encontramos en estos momentos en el discurso del poder y en la sociedad que se cree moderna.
Me viene a la memoria la frase del genial Saint-Exupery, el de ‘El principito’, en una de sus obras: “Fuérzalos a construir juntos una torre y los transformarás en hermanos. Pero si quieres que se odien, arrójales un poco de grano”. Es fácil comprobar que el cultivo de los ideales (construir juntos una torre) no es hoy la propuesta que se hace a los jóvenes, y sí el cultivo de los instintos (‘arrójales un poco de grano’); en esto no vamos a mejor, sino a peor.
Soy testigo con frecuencia del dolor soterrado en el corazón de padres que te hablan con mucho cariño de sus hijos, “son muy buenos”, pero arrastran la pena de que no han acertado a contagiarles sus valores, a transmitirles su fe, de que abandonaron la práctica religiosa,...; es solamente un ejemplo. Me parece que en muchos casos ese alejamiento de Dios, en jóvenes y en mayores, cuenta con la ayuda de un clima social que facilita si no promueve la desatención de esta parcela de la vida, el aparcamiento de la fe y de la práctica religiosa (¿por cuántos años más?, ¿para toda la vida?), sin que esté apagado el deseo inconsciente y aún la necesidad de encontrar “fuentes verdaderas” a las que llegar para apagar la sed.
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“Se va dibujando la presencia de una minoría juvenil católica, seria, comprometida" |
Como tanta gente ha hecho, hace unas semanas fui a ver la película de Mel Gibson, ‘La Pasión de Cristo’. La película me llamó la atención, me impactó. Pero me sorprendieron más otros detalles: era un domingo a la caída de la tarde en un centro de ocio con 22 salas de cine; la que proyectaba ‘La Pasión’ era grande y estaba llena, mayoritariamente de gente joven. El tiempo de proyección de la película, un clima sosegado y sin ruidos; después de la proyección, caras sobrecogidas, no se hablaba al salir del cine,... La película más que entretener ‘remueve los fondos del alma’ y la despierta.
Mientras tanto, ¿dónde se sitúa la propuesta educativa? La ‘mala educación’ según Almodóvar sería la que hemos sufrido las personas que construyen la vida en términos de entrega de ponerla al servicio de un proyecto digno (‘construir una torre’) y la ‘buena educación’, también según Almodóvar y muchos otros sería aquella que gira obsesivamente en torno a esos valores negativos (‘arrójales un poco de grano’) con los que se condimentan programas como ‘crónicas marcianas’ o ‘el gran hermano’, por poner un par de ejemplos, que nunca son escaparate de otra cosa que de una sociedad con el alma enferma. No deja de ser bochornoso que los jóvenes necesiten refuerzos positivos baratos (el regalo de un refresco, un vale de descuento para la gasolinera, un preservativo, ...) para dejar de hacer lo que ha de ser opción responsable (no tomar alcohol, sobre todo si se va a conducir). Son casos reales.
Dentro de ese panorama más común de que la juventud va perdiendo la fe cristiana, queda también la constatación inequívoca de otra juventud, una minoría juvenil ciertamente, que se mueve en torno a parroquias, a congregaciones religiosas, a movimientos cristianos, .... Los autores del estudio “Jóvenes 2000 y Religión” afirman que “se va dibujando la presencia de una minoría juvenil católica, seria y comprometida y cuya religiosidad personal es un factor que influye fuertemente en su vida moral, en sus altas tasas de asociacionismo y pertenencia a organizaciones benéficas, de ayuda al Tercer Mundo y pro Derechos Humanos, y, en general, en sus niveles superiores de satisfacción vital: con el trabajo, los estudios, los amigos, etc.”.
¡Qué diferente es construir la vida a partir de un “para qué sirve la vida si no es para darla” y no a partir de los slóganes sobre cómo vivir que hoy propone nuestra sociedad y los medios de comunicación social con tanta frecuencia!. Una vida así no es menos divertida, pero para construirla es preciso invertir mucho cariño y entrega y muchos años, como para todo lo que se construye no cuesta abajo, sino “cuesta arriba” de uno mismo, de la sociedad, de lo “vigente”, de lo políticamente correcto, de ‘lo que se lleva’, de lo superficial.