por Julio García, ss.cc
“Cuando uno intenta lograr alguna claridad sobre las cuestiones que preocupan, esperanzan o entristecen a la sociedad española, tropieza con dificultades considerables” (Olegario González de Cardenal, ABC, 17 octubre 2004). Análoga observación puede hacerse en relación, no ya con la sociedad en su conjunto, sino con todo lo relacionado con la familia.
No parece que la búsqueda de la claridad o la pasión por llegar a la verdad de las cosas sea prioritario. Por ejemplo, el desarrollo de las sesiones de la comisión del 11-M. Va mostrando con extrema claridad que lo que mueve los trabajos se queda en el pragmatismo más burdo, al compás de los intereses de cada grupo. Guardar las formas y maneras, cuidar los talantes, utilizar la astucia... todo puesto al servicio de cuanto pueda bloquear el acceso a la verdad. En todo aso y por si cuela, hacer pasar por verdad lo que uno desearía que lo fuese.
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“Os propongo un toque de humanidad para acercarse a la, realidad de los problemas de la vida" |
Juan Pablo II, describiendo las sombras de Europa hoy, denuncia “los intentos de dar a Europa una identidad que excluye su herencia religiosa, y, en particular, su arraigada alma cristiana, fundando los derechos de los pueblos que la conforman sin injertarlos en el tronco vivificado por la savia del cristianismo”, añadiendo que “la situación europea actual experimenta el grave fenómeno de las crisis familiares y el deterioro del concepto mismo de familia”. En nuestro país venimos escuchando en los últimos meses propuestas alternativas del Gobierno en relación con diversos temas sensibles que tocan el horizonte de la familia en todas sus dimensiones. Estaríamos dentro del panorama que el Papa contempla preocupado cuando mira a Europa.
¿Se legitiman las propuestas aludidas en que la sociedad ha cambiado y demanda eso mayoritariamente, o son propuestas desde el poder que promueven una dirección en el cambio de la sociedad, quiéralo o no? ¿Dónde está la verdad?
Os propongo un toque de humanidad para acercarse a la realidad de los problemas de la vida, aproximación diferente a cuando conocemos la verdad de las cosas de la vida solamente por las encuestas. Por ejemplo, llegar a saber cómo sienten unos padres que su hijo sea homosexual, o que su hija rompa el matrimonio, o que la forma estable de su vinculación afectiva sea de la una pareja de hecho o aún menos, ... y tantas cosas más. No conozco a ningún padre que brinde con champán al saberlo, aunque luego respete y apoye incondicionalmente a su hijo o hija en toda situación.
Acaso lleguemos de esta manera a una valoración mucho menos ideológica, pero más vital y desde lo que nos afecta personalmente y menos inclinada a celebrar tantos supuestos avances en las costumbres. Hay una gran diferencia entre “opinar sobre lo que no me toca de cerca y en la propia carne”, que es lo que miden las encuestas, y mirar y valorar cada uno de esos mismos problemas cuando tocan la propia piel o lo más cercano que tenemos.
Me gustaría desde esta clave interpretativa tener un acceso a la realidad en cada uno de los ”puntos calientes” que hoy están en los medios y en la calle, asuntos casi siempre relacionados con la familia, con la educación y con la vida. Es fácil ser progre desde la lejanía a los problemas, pero es en la distancia corta donde se entra en contracto con la verdad más honda de las cosas.