Celebración del Cincuentenario en la Parroquia de San Marcos de Sevilla

El día del Corazón de María de 2005 amaneció soleado. Las guirnaldas que engalanan la torre de San Marcos, la primera casa fundada en Andalucía, y las campanas anuncian un acontecimiento alegre, de memoria de nuestro pasado y apuesta decidida por el futuro. Personas llegadas de las diferentes obras de la Congregación en Andalucía celebran al mediodía una eucaristía especial por los 50 años de presencia en esta tierra. El Superior General, Enrique Losada ss.cc., preside la celebración, junto a él los Provinciales de España (de Hermanos y Hermanas) y Andalucía, así como hermanos y hermanas venidos de las distintas presencias del Sur y otros, recordando los orígenes, como el P. Victoriano García.


Tras el saludo de Enrique, Luis Aguilar ss.cc. nos ambienta en lo que queremos celebrar. Recuerda los orígenes que ahora conmemoramos, cómo quería recién ordenado celebrar misa en la primera casa que tenía la Congregación en Sevilla: “Teníamos casa en Sevilla y era natural que celebrara una misa allí. Teníamos una iglesia en Sevilla, mejor dicho, unas ruinas encomendadas a nuestra gestión, pero todavía ni una sencilla capilla ero el día 26 la celebré en la iglesia de Santa Isabel de las madres filipenses, con las que todavía mantenemos unas relaciones estupendas de fraternidad cristianas y eclesiales. Aquella tarde tomé el avión, por primera vez, para Tetuán donde continué mis vacaciones hasta el día de Reyes. Julio de 1956, reparto de obediencias. Intriga, esperanza, temor, ilusión, conformidad... ¡Yo a Sevilla! Casi no me había atrevido a pensar la posibilidad, pero fue así. Alegría y gracias al Señor. El 7 de julio llegaba yo a Sevilla y me presenté ante la iglesia. La torre, la portada gótico-mudéjar, los muros y una sencilla puerta de madera conglomerada abierta en el tabique que tapiaba el hueco de entrada a la iglesia”.

Luis nos cuenta también lo que hacían: “Y comenzó nuestra vida normal. Por la mañana atención a los pobres, que consistía en repartir leche de la Cáritas americana que nos enviaba a los españoles leche en polvo. Creo que eso era lo que nos tocó del Plan Marshall. La leche la dábamos ya líquida y bien batida en una máquina... de lavar. Medio litro por miembro de familia. Unas veinte o treinta”.

Continúa la eucaristía con el acto penitencia y luego la escucha de la Palabra de Dios. Las lecturas eran las del Corazón de María. Enrique en su homilía nos invita a recorrer estos cincuenta años acompañados desde la perspectiva del Corazón de María y nos indica cuál es nuestra vocación:

“Seguir encarnando en nuestro mundo la Palabra de Dios. Ésa es la vocación de la Iglesia, de la comunidad de los cristianos, de todos y cada uno de nosotros, de cualquier servicio, ministerio, comunidad dentro de la Iglesia. Esto es lo que entiendo que la Congregación ha intentado hacer en estos cincuenta años aquí en Andalucía. Y ése es el motivo fundamental de dar gracias. Y ése es el motivo fundamental de dar gracias siempre por lo que ha ocurrido en la historia de la salvación. María lo ha entendido perfectamente y en su cántico del Magníficat que también hoy hemos proclamado aquí lo dice maravillosamente. Damos gracias por lo que Dios hace a través nuestro. Porque lo nuestro es fundamentalmente colaborar con Dios. Es seguir diciendo sí como María a la acción de Dios que a lo largo de la historia sigue actuando. De ahí nuestra responsabilidad. También de ahí nuestra gratitud, nuestra acción de gracias. Por eso, repito, demos gracias a Dios por todo lo bueno que a través de la Congregación de los SS.CC. se ha producido aquí en Andalucía en estos 50 años. No pretendamos lo mejor, lo único, lo más maravilloso, esto sería desproporcionar el sentido de la celebración. Lo que aquí agradecemos y celebramos es lo bueno que Dios ha hecho a través de la Congregación en Andalucía en estos 50 años. También seguramente tendremos que pedir perdón por todo lo bueno que Dios no ha podido hacer a través de la Congregación en estos 50 años, porque ésa es nuestra responsabilidad. Lo hacemos humildemente, sin culpabilizarnos excesivamente, pero asumiendo nuestra propia responsabilidad, la responsabilidad que hemos aprendido de María, la de decir sí. Por tanto, cuando no decimos sí somos responsables y tenemos que asumir esa responsabilidad. Y por último alegrarnos. La gratitud nos lleva a la alegría profunda, la que viene del corazón, como el Corazón de María”.

Enrique tiene palabras de gratitud al P. Luis Aguilar que fue el que le ayudó a dar el sí a su vocación religiosa siendo alumno del Colegio Martín de los Heros de Madrid. Para finalizar, invitó a los hermanos a mirar al futuro, hacia delante, como María.

Las peticiones las realizaron personas vinculadas a las diferentes obras. El ofertorio estuvo muy cuidado. Carmen Arriaga ss.cc. ofreció una cruz y Paco Egea, nuestro prenovicio, una luz, con este sentido:

Te ofrecemos Señor en primer lugar una cruz y una luz, símbolos de la entrega diaria de estos cincuenta años de vida, en la que no pretendemos sino llevar tu luz a los hombres y mujeres con los que estamos. Tú nos dijiste: “Vosotros sois la luz del mundo”; así queremos vivir en medio de nuestros trabajos y comunidades, en los que los momentos de cruz exigen de nosotros una fe madura que asuma que el camino de la luz pasa por la cruz de cada día. El Buen Padre quería que fuésemos “hijos de la Cruz, para serlo así del Buen Maestro”.

Paco Piñero acercó al altar el Proyecto de Vida Religiosa Apostólica de la Provincia, que representa lo que queremos vivir como religiosos de los Sagrados Corazones en Andalucía, nuestro futuro más inmediato.

Consuelo del Saz ss.cc. y Nacho Moreno ss.cc. ofrecieron el pan y el vino: "Y te ofrecemos finalmente el pan y el vino para que los transformes en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Con ellos te ofrecemos también nuestro presente, el de cada una de las personas que, vinculadas de distinta forma a una Congregación Eucarística como la nuestra, estamos dispuestas a que tú nos vayas transformando en miembros vivos de tu cuerpo".

Después de la comunión, Juan Manuel de Mula ss.cc., Provincial de Andalucía, da gracias a Dios por su vocación religiosa, da gracias a todas las personas que han estado vinculadas a la Congregación en estos años y, especialmente, a la generosidad de los hermanos de la Provincia de España que hicieron posible la fundación.

Con el canto de la Salve finalizamos esta celebración, que es inicio, como decía Juan Manuel de una nueva etapa, una etapa de madurez para un grupo que lleva caminando 50 años y que aún le queda mucho que aportar, asumir y realizar. Contemos siempre con María, modelo de fe en el Amor.