José Manuel Sánchez del Águila, un antiguo alumno agradecido

José Manuel Sánchez del Águila nació en Sevilla hace 47 años. Es abogado, escritor y, sobre todo, un buen padre. Antiguo alumno del Colegio San José SS.CC. (Padres Blancos), mantiene una memoria agradecida, como pone de manifiesto en una entrevista en El País, con ocasión de la publicación de su última novela Ropa Vieja, donde hace la siguientes declaraciones: “El colegio de los Padres Blancos marca Los Remedios. Los Padres Blancos crearon una conciencia en el barrio distinta a otros colegios de Sevilla. Era una congregación adelantada, progresista, posconciliar... Tenían una impronta posconciliar muy asumida”. Una de las prosas de ese libro, "Entre leprosos", está dedicada al P. Luis Aguilar ss.cc. y a los miembros de la Congregación en Sevilla.

¿De qué trata Ropa Vieja?Ropa Vieja es, ante todo, un intento de salvar del amarilleo y el polvo a una gavilla de pequeñas historias que el autor ha ido desperdigando por diversas publicaciones y cajones de su escritorio. Vieja o nueva, esta ropa es cómoda y gustosa, de franelas agradables al tacto, de lanas casi transparentes por el uso. Porque los textos que componen este volumen tienen el tono amable y nostálgico de las personas de bien que conciben la literatura como una celebración de la mejor memoria, de la buena memoria, aquella que no entiende de resentimientos y sí del canto elegíaco por lo que pasó o pudo pasar” (Revista Mercurio, Octubre 2004).

¿Cuál es el denominador común de este libro? “... la evocación del barrio de Los Remedios o, para ser más concretos, de los alrededores de la calle Virgen de la Antigua. Barrio burgués con zonas proletarias, ensanche moderno de Sevilla convertido por el desarrollismo y la incompetencia municipal en una zona caótica pero siempre animada. Los Remedios no ha atraído mucho la mirada de los escritores, si exceptuamos la de Manuel Ferrand... La mirada que Sánchez del Águila le dedica a Los Remedios es la del niño y el adolescente que despierta a la experiencia en los años del tardofranquismo, cuando todavía se podía jugar en solar sin urbanizar, los primeros cigarrillos se fumaban en los límites del barrio y en los bares Rocío y Santa María servían medio litro de cerveza a unos precios que hoy provocarían la risa. El colegio de los Padres Blancos, el puestecillo de Paco, los parterres de Virgen de la Antigua –a donde acudía a escuchar a un cantautor con ínfulas existencialistas-, entre otros, se convierten en las arcadias perdidas y añoradas por el autor” (Revista Mercurio).

(La fotografía está tomada de El País).