Queridos amigos:
Acabo de separarme de vosotros y me he quedado con la miel en los labios y con ganas de compartir muchas cosas. Quizá haya sido por timidez, por la falta de costumbre de expresar sentimientos en público o por el poco tiempo que hemos estado juntos. Así que he pensado que la mejor manera podía ser ésta. Allá voy.
Me pedía Andrés alguna reflexión o algún recuerdo para el Boletín Parroquial que saldrá próximamente y así, bote pronto, eran tantos los pensamientos que se entrecruzan que parece que no sabes cuál es el que te parece más importante, ¡pero es que son tantos!
Le decía que yo soy también algo atípico en mi relación con la Congregación de los Sagrados Corazones. No tengo nada que ver con el Colegio, ni con el barrio de Los Remedios, ni conocía a nadie que tuviera que ver con ellos. Bueno algo sí, pero nada que me vinculase a la Congregación. Es verdad que tengo unos tíos que viven en Virgen de la Antigua, pero los veo poco, y también que hace ya 13 años uno de mis sobrinos se bautizó en la Parroquia, pero entonces me parecía muy grande, moderna y algo desangelada, ¡cómo cambiamos cuando conocemos las cosas de cerca, de verdad!
Como mucha gente pasé mi época de “despiste”, el paso de la fe de casa, de tus padres, abuelos, colegio a la fe adulta, auténticamente vivida en tu vida es muy difícil, y ahí estaba yo, pasando también por experiencias personales difíciles, cuando, porque Dios quiere y escribe nuestra historia a su manera, me encontré en la Misa de Jóvenes. Yo, que no me gusta ir a Misa los domingos por la tarde, allí estaba, domingo tras domingo. Al principio parecía que aquello no iba conmigo, todos tan contentos, cantando, participando y yo, una extraña allí en medio. Pero como el agua de lluvia mansamente va cayendo y empapa la tierra árida y ávida de agua así me ocurrió a mí, con aquellas músicas, aquellas palabras, aquella comunidad parroquial que transparentaba que celebraba lo que vivía. Y así empezó todo.
Después vinieron otros contactos, otras oportunidades que Dios me iba dando, y fui conociendo más la Congregación, profundizando en su carisma. Cuando lo conocí por primera vez, me pareció que había sido dicho para mí, tanto me sentía reflejada en él, no se podía decir en menos palabras algo que expresa de forma tan concreta lo que yo también quería que fuera mi vida “contemplar, vivir y anunciar el amor de Dios” que yo ya estaba experimentando.
Y, dentro de mis pobres posibilidades, cada vez más cosillas, hace ya casi cuatro años que empecé en el grupo de Catequesis, que poco a poco intenta convertirse en una comunidad parroquial en la que nos ayudemos a vivir la fe. En todo este proceso vital y de fe, la Congregación ha sido la mediación de la que Dios se ha valido conmigo y no tengo más que darle gracias, a Dios y a ellos, para lo que estas pocas palabras me parecen insignificantes, pero el corazón rebosa de agradecimiento y cariño.
¿Qué es lo que más me gusta de la Parroquia de los SS.CC.? Que es una familia. Y yo la quiero como mi familia. Gracias. Ana Lizaur.