por Paco Egea, prenovicio ss.cc
En la tarde del pasado sábado 18 de junio, la comunidad de la Parroquia “Virgen del Camino” de Málaga acudía contenta y en numerosa representación a la primera misa dominical de Jose en Málaga. Allí es donde Jose ha servido a Dios durante los dos últimos años -el presente, además, desde el ministerio del diaconado-, y finalmente, donde se ha ido dejando moldear por el Señor hasta el día de su ordenación. Para tan señalada ocasión se estrenó casulla y cáliz.
En el presbiterio quisieron estar junto a Jose su comunidad Sagrados Corazones de Málaga, Juanma y Antonio Alcayde -que vinieron desde Sevilla para la ocasión- y Antonio Roda, un diácono diocesano con quien Jose coincidió durante los ejercicios espirituales.
La asamblea se disponía expectante a celebrar este acontecimiento tan esperado durante la semana por todos aquellos que le acompañaron el domingo anterior en Sevilla y, sobre todo, por aquellos que no pudieron asistir. El nerviosismo y la expectación iniciales contrastaban con la serenidad con la que Jose se mostró desde el principio. Esa serenidad, ese clima de oración, se fue contagiando poco a poco por todos los fieles.
Las lecturas del domingo fueron proclamadas por diversos miembros de la Parroquia. El diácono recibió después la bendición de Jose antes de proclamar el Evangelio (Mt. 10, 26-33). Y a continuación el esperado momento de la homilía.
“No tengáis miedo”. Citando el Evangelio, así comenzó Jose sus palabras, que no necesitaron ser leídas. En la homilía Jose nos habló del miedo. Del miedo que podemos experimentar los cristianos al ver que el trabajo realizado durante el curso no ha dado el fruto esperado. Y, en efecto, Jose nos recordó que el Señor no nos prometió el éxito al enviarnos a cada uno, pero sí la cruz y la fecundidad que de ella deriva, y que sin duda, la cruz es siempre más fecunda que cualquier acción que promovamos por nosotros mismos.
Jose quiso hablarnos también de un miedo más profundo: el miedo al seguimiento de Cristo, a su voz cada vez que escuchamos aquello de que “quien pierda su vida por mí la encontrará” o “el que quiera seguirme coja su cruz y me siga”. En definitiva, un miedo que, escondido en lo más hondo de nuestro corazón, se derrama por nuestra fe hasta anegarla. Pero frente a este miedo, contamos con la convicción, inspirada por Cristo, de que Dios nos ama porque Él es el Amor, y que en el amor no cabe el temor.
La Eucaristía siguió su curso con normalidad. Hubo algún que otro despiste sin importancia, pero del que no se dio cuenta casi nadie. Al final, Jose compartió su acción de gracias, en la que volvió a pedir a la asamblea -al igual que hizo el día de la ordenación- que rezáramos por él. La asamblea respondió a sus palabras cariñosamente con un sonoro aplauso.
Después de la celebración hubo un ágape donde todos pudieron acercarse a felicitar a Jose tras la entrega de algunos regalos de parte de la comunidad parroquial. Una forma de agradecerle no sólo su trabajo en Málaga o sus hermosas palabras de la homilía, sino el haber hecho de su vida, de su entrega silenciosa y por entero al Señor, un testimonio cercano de cómo la confianza en el Padre derriba cualquier miedo.
En resumen, quienes asistimos pudimos participar de una celebración sencilla y, sobre todo, agradable a Dios. Como nuestro hermano Jose.