Niños huérfanos, jefes de familia

por Luis Felipe Soto Carmona ss.cc.

La guerra del 90/94, el genocidio, la invasión posterior de las tropas rwandesas en el Congo y el período 97/98, llamado de los “infiltrados”, trajo como consecuencia entre otras cosas un aumento exagerado de los así llamados niños huérfanos jefes de familia.

Huérfanos de padre y madre, menores de edad en su mayoría –pensar en el alo índice de natalidad que tiene Rwanda- responsables a todos los efectos de sus hermanos menores y de lo poco o mucho (¿?) que tienen. Desde el punto de vista de la educación la mayoría de ellos interrumpió sus estudios a causa de las guerras, la pobreza o la falta de padres y lo normal es que sean analfabetos totales.

Sin oficio ni beneficio fijo, sin pertenencia a ningún tipo de seguro. Abandonados de todos, incluidos sus propios familiares, si los tienen, han de buscarse día a día la vida para al menos tener un bocado que llevarse a la boca, él y los suyos. Son el padre, la madre, el educador, el responsable... Su vivienda normal un amasijo de cartones, latas, deshechos, que les protege del frío, o algún rincón protegido de la ciudad; tienen más suerte en este sentido los del campo, pues hay siempre algunos vecinos que preparan para ellos un espacio cubierto y cerrado.

Prostitución, robos, en general a pequeña escala, venta de droga... son sus ocupaciones más frecuentes; carne de cañón sin futuro, con pocos visos de sobrevivir largo tiempo, muerte muy temprana asegurada, SIDA –según una encuesta el 85% de ellos sufre el SIDA sobre todo entre los que viven en las capitales- tuberculosis, malarias, diarreas, malnutrición, “la enfermedad de los ojos”...; “niños soldados” reclutados a la fuerza y que drogados hasta el cuello serán soldados de primera línea, de una violencia fuera de todo lo creíble y acabarán acribillados a balazos o reventados por una mina; muertos cómodos y baratos, nadie reclamará su cuerpo o preguntará por ellos.

Su presencia en las calles incomoda, son un peligro y una vergüenza; son mal vistos, rechazados por todos, ocultados cuando una autoridad se pasea o atraviesa las calles y temidos por su facilidad en el robo y pillería.

Hay la otra cara de la moneda, que no se puede ignorar y no todo es negativo en ellos y a algunos se les puede ver cuidando coches particulares, que se estacionan para hacer compras, haciendo pequeños recados, transportando pequeñas mercancías en artilugios de su invención y de gran creatividad, que de tontos no tienen un pelo, ofreciéndose a ayudarte y acompañarte a cambio de algún franco, moneda rwandesa, que ha que dar de comer y cuidar a los pequeños, los suyos...

A la caída de la tarde ya entre los suyos, delos que es le responsable, cansado y fatigado, sus hermanos más chicos le pedirán y exigirán sin falta, un día y otro, el bocado para ellos, pues aún no han comido en todo el día y tienen hambre.

En nuestra provincia de Ruhengeri un equipo de educadores, psicólogos y animadores de la calle ha hecho una encuesta sobre ellos para tratar de localizarlos, crear un programa de ayuda, acompañamiento y orientación. Me decía la responsable de Cáritas Ruhengeri, que sólo en su parroquia tienen localizados a 36 niños de esta categoría todos menores de 15 años.

¿Cuáles son vuestros problemas?, se les preguntaba: hambre, problemas de salud, pobreza crónica, falta de material escolar, alojamiento, falta de ropa, de padres y la obligación de vivir en la calle.

¿Qué queréis, cómo se os puede ayudar? En primer lugar estudiar formación profesional (22%) (sic), poder tener un pequeño empleo en la agricultura o ganadería (16%), mejora de su lugar de abrigo (13’5%), asistencia a través de micro-créditos (11%), asistencia sanitaria (6%), consejo (3%)...

Otra historia de niños, cruel, pero pura realidad. También ellos tienen su nombres, sus caprichos y son niños.