"Otro te llevará"

por Javier Álvarez-Ossorio, ss.cc


“Ahora serás misionero como San Pablo”, me decía la mujer al despedirse. “Irás de un lado para otro animando la fe de tus hermanos”. Aquello me consoló. Para ella sigo siendo misionero aunque me vaya de África. Me lo decía con una mezcla de pena por el adiós y de orgullo por tener un hijo (me han adoptado tantas mamás africanas…) en un servicio tan importante.

También en mí se cruzaban los sentimientos: ánimo por la confianza recibida y miedo por la responsabilidad, interés por lo que comienza y desgarro por lo que se deja. Durante estos últimos años, África me ha cuidado, me ha cambiado, me ha consolado, me ha dolido, me ha evangelizado. Allí fui porque la comunidad me envió. De allí salgo porque la comunidad me lo pide. Ahora estoy en Roma, en el gobierno general de la Congregación.

Algunos protestan de que deje “la misión” y me meta –dicen- en cosas de la “institución”. Otros me felicitan, creyendo que consigo “una promoción”… Les digo que se trata de “obediencia”, pero ponen cara de no comprender. Quiero decirles que la vida no es sólo escoger dónde y con quién quiero estar. Se trata también de acoger, de aceptar a las personas que se nos dan para amarlas sin condiciones. No las escojo yo; se me presentan, me vienen.

“Otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”, dijo Jesús a Pedro. Hay un “Otro” que nos lleva, que nos descoloca. La vida es gratuidad, y no un lastimoso esfuerzo por aferrarme a lo que quiero.

Ahora no estoy en África, pero mis hermanos siguen allí. Somos un “cuerpo” y me alegro con ellos, aunque a mí me toque otra cosa. Somos camareros de un banquete que no es nuestro. Dios es el señor del convite; nosotros sólo ponemos la mesa con nuestros pobres medios. Aquí o allí, donde sea. El éxito de la fiesta no depende de nosotros, sino de El. Ojalá nos dejemos robar el corazón por la alegría y la bondad del que invita.