Reflexión para Pascua

por Ángel Moreno de Buenafuente

"FIJA TUS OJOS EN JESÚS"

No tengo mejor oficio en esta Pascua de Resurrección que el de anunciarte, como el Ángel de la mañana, la mejor noticia, la que cambia todo el sentido de la vida: "¡Cristo ha resucitado!"

Detén tu mirada en este Hombre que muestra en su cuerpo las señales de haber sido crucificado y ha superado la muerte por haberse fiado de Dios, su Padre. Cristo Jesús quiere enseñarte las huellas de la vulnerabilidad humana. Es el atravesado, el herido y no lo disimula. Mas está vivo, triunfante.

Fija tus ojos en Jesús mientras el apóstol Tomás mete los dedos en los agujeros de los clavos y la mano en la herida de su costado. Puede parecerte de mal gusto mi recomendación. Desde la razón, cabe juzgar que detenerse ante tanto estigma y señal de dolor es algo morboso. No es difícil comprenderlo así, con nuestra forma de pensar un tanto hedonista, que huye de toda clase de pruebas o referencias al sufrimiento.

Quizá Jesús, previendo tu resistencia, entregó al morir su Espíritu, don necesario para comprender e interpretar la sabiduría de la cruz, el sentido del dolor y de la muerte, y, con pedagogía entrañable, ha querido mostrarse con las señales de los clavos en el momento de la resurrección.

Si en el cuerpo glorioso del Señor no se han borrado las huellas del sufrimiento, si en la carne del Resucitado siguen abiertas las heridas, efecto de la entrega generosa del que, siendo Dios, quiso tomar nuestra naturaleza, toda prueba alberga la semilla de la luz de la resurrección. Las llagas de toda existencia humana tienen posibilidad de transformarse en señales acreditativas del amor más grande, del amor divino.

Quizá, aunque sea la Pascua, no tengas motivos de exultación y te parezca artificial la alegría en momentos de tanto sufrimiento, de tanto rostro violentado, de tanta mirada entristecida. Cabe que tú mismo estés pasando por situaciones públicas o inconfesadas de angustia. Ahí, precisamente ahí, la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, del Hijo de Dios, te anticipa como en transparencia que donde está la herida, está la señal de la victoria. Él ha transformado el cuerpo humillado en un cuerpo glorioso, lleno de vida, inmortal.

Atrévete a creer que toda herida, todo dolor, toda muerte han sido vencidos y si participas de ellos, estás ya en la posibilidad de palpar las señales más luminosas de la futura resurrección y bienaventuranza: "Ven bendito de mi Padre, hoy estarás conmigo en el paraíso, porque sufriste mucho en vida".

Éste es el secreto del creyente, por el que en toda circunstancia goza de paz interior y hasta cabe que de luz en los ojos y sonrisa en los labios, rostro paradójicamente resplandeciente en medio de la contrariedad, porque sabe que el destino no es la muerte, sino la vida, no es la cruz, sino la victoria, no es la herida, sino la invulnerabilidad, y lo que ahora puede sufrir en comunión con Cristo es la señal anticipada de participar en la gloria del Resucitado.

Te deseo la paz, la luz, la alegría, la confianza en toda circunstancia. Feliz Pascua.