por Ángel Viñas Vera ss.cc.
La primera vez que vi esta película tan polemizada fue en el ordenador personal. La primera visión fue la flagelación. Desde aquel momento no pude dejar de verla en la intimidad de mi cuarto. Era un día de cuaresma y por medio de ella el Señor irrumpía en mi vida ajetreada y, a veces, monótona. Me sacó de las preocupaciones diarias y me trasladó al Señor de mi vida y al desenlace de su vida.
Varias veces he visto la película, tanto en el cine como en el ordenador, con gente más joven y con hermanos de comunidad. En ninguno he visto indiferencia después de la misma. La película no te deja igual. No es una película para consumir ni para situarse como espectador cómodo. Es una película que no se deja atrapar, porque a lo que remite interpela. He ahí un valor de la película.
El lenguaje de la película. La posibilidad de escuchar Abba, Adonai, Rabboni, etc., produce en todo cristiano maduro una sensación indescriptible. Son palabras tan cargadas de sentido que escucharlas así, sin entrar en la calidad de las lenguas originales, provoca muchas sensaciones.
La película ha puesto en imagen la pasión de Cristo. Los grandes valores de esta película provienen de aquí, de poner hoy en imagen, en el siglo XXI, la pasión. Cierto es que posee una visión personal y añadiendo visiones de una mujer. Con todo y eso, parece bastante razonable y el hilo conductor de la película es muy fiel a los evangelios. Como confesión personal diré que no escuché el relato de la pasión el viernes santo de la misma manera como lo había escuchado en otros momentos. Se me venían a la mente imágenes de la película y eso me movía al amor no al temor o al rechazo. La película me ha hecho mucho bien.
Cierto que a la película le pueden sobrar algunos minutos, algunos acontecimientos (cuervo, ¿todos los latigazos o algunos?...), o faltarle cosas como por ejemplo algún encuentro del resucitado con los apóstoles o las mujeres... Cierto que se podría discutir el sentido histórico de ciertos hechos, al igual que es necesario con los evangelios. Pero con todo y eso, creo que el problema que ha suscitado la película no es la veracidad histórica, su supuesto antisemitismo o su excesiva violencia. Creo que no es ese el problema fundamental.
Dejando de lado las críticas de quien no han visto la película, en principio no la considero interlocutora válida, las críticas exacerbadas, continuadas y globales tienen un tufillo bastante malo. En el fondo, el problema de la película es Cristo y su pasión. La violencia de la película es una violencia sufrida y no contestada, no gratuita ni estilizada, no se hace de ella una estética a lo Matrix. Hay sectores intelectuales y culturales, no sólo fuera de la Iglesia, que valoran la vida pública de Jesús, y dentro de ella lo que simpatice o concuerde con la mentalidad actual. Los milagros, la encarnación, las palabras de juicio, sacrificio o cruz, producen un escándalo inasumible por la cultura reinante y, por lo tanto, se antropologiza o se reduce su sentido.
Si no pueden soportar que hable de la cruz, ¿cómo van a soportar ver al Mesías en ella? Además de matar al mensajero y quedarse con los valores, la cultura actual no soporta que esos valores lleven a la pasión. No conciben que el amor supone pasión y sufrimiento. No asumen que amar supone derramar la sangre.
Y por último, ya era hora de una película religiosa aceptable a estas alturas. Ya se acabaron las visiones ñoñas o polémicas, transgresoras o cómicas. Una película seria sobre Cristo con éxito internacional. Una película en la que algunos grupos mediáticos nacionales e internacionales han intentado boicotear. No la anunciaban en sus periódicos, sacaban día tras día artículos críticos sobre ella, en las tertulias se criticaba a partir de la película todo lo que se podía. Los poderes de este mundo no le pueden soportar. Buena señal es que los poderes informativos de este país hayan reaccionado así. Lo triste es que muchos cristianos siguen escandalizándose de la cruz del Señor. Ya lo decía San Pablo.