"Los profesores llegan tarde"

Se discutía en la reunión del Filosofado. El director de una de las sedes se quejaba de que muchos profesores llegan tarde al trabajo. Los profesores replicaban que ya no tienen a su disposición el camión de la comunidad religiosa que durante años les facilitaba el transporte.

por Javier Álvarez-Ossorio, ss.cc

“Eso pasaba cuando el superior era el Padre Pedro”, responde el director. “Él era extranjero y veía las cosas de otra forma. Ahora nos hemos quedado nosotros, los congoleses, y no podemos pedir a la comunidad que se haga cargo de los gastos de vuestro transporte”. El P. Pedro era simpático y generoso. Sus hermanos autóctonos no pueden permitirse ese lujo. Se acabaron los buenos tiempos en que el misionero encontraba solución a casi todos los problemas. Las miradas de simpatía se transforman en gestos de decepción.

Algunos llevan años diciendo que los misioneros deberían irse. No porque no los aprecien, sino porque su presencia induce a la “dimisión” de los cristianos africanos, que no acaban de hacerse cargo de sus responsabilidades y no consiguen organizarse sin depender sistemáticamente de otros. Con los misioneros aquí, dicen, la iglesia local nunca madurará. Al misionero extranjero, en realidad, se le explota: los asuntos de importancia se discuten a espaldas suyas, porque “¿qué sabrá él de la mentalidad africana?”; pero se le retiene para asegurarse que siga llegando la ayuda material necesaria para mantener las estructuras heredadas del tiempo colonial.

“¡Que Occidente trate de evangelizarse a sí mismo!”, dicen los más radicales, “que buena falta le hace”. ¿Cómo puede pretender Europa seguir siendo “misionera” cuando atraviesa una crisis de fe tan devastadora?

Comento estas cosas en casa, donde estamos religiosos de Bélgica, España, Congo, Mozambique, Polonia. Reconocemos que todo eso tiene mucho de verdad. Ya no se puede venir de misionero a África pretendiendo ser “necesario”, justificándose con la “ayuda” que uno puede aportar. ¿Por qué, entonces, una comunidad internacional en medio de este continente sufriente? Miraba nuestro grupo, tan diverso, y me decía que quizás no deberíamos “necesitar” estar juntos, haciendo que unos dependan de otros. Pero puede que “deseemos” estar juntos, que nos sintamos llamados a formar comunidad así, mezclados, de orígenes diferentes, con la esperanza de que eso nos ayudará a vivir mejor el evangelio de la fraternidad y servirá de un poco de luz en torno nuestro. No se trata de ser “solucionadores”, sino hermanos. Aunque los profesores se queden sin transporte.