El sábado, 23 de octubre, a las 12 h. de la mañana, nuestro hermano Pedro Gordillo ss.cc., hará su profesión religiosa perpetua en la Parroquia de los Sagrados Corazones, de Sevilla. Para nuestra familia es un acontecimiento, una buena noticia, igual que para tantas personas de diferentes lugares que acudirán ese día a esta cita: de San Fernando (su tierra natal), de Madrid..., los que forman la Comunidad educativa del Colegio y la Comunidad Parroquial, los que vendrán de San Marcos... Pedro hace muchas cosas, pero ahora vamos a fijarnos en algunas palabras que son importantes para él y que nos hablan de su ser como religioso. Éstas son sus 7 palabras.
Cristo: Es el modelo inagotable. En el retiro de este verano me di cuenta de que (aunque suene un poco ingenuo) deseo parecerme en todo a Jesús. Un hermano me dijo el día de mi profesión que ya no me despistara con otras cosas: “Pedro, preocúpate sólo de ser de Cristo”. Ojalá pudiera. Le doy muchas gracias porque él siempre me espera y acoge mi mediocridad.
Eucaristía y Adoración: Es desde hace mucho y, cada día más, el momento más fuerte de experiencia de Dios. Jesús hecho pan que se rompe, adorar este misterio, es lo que configura mi persona, mi forma de ser religioso. Juanma se reía una tarde porque le conté que cada día me costaba más explicar qué era la Eucaristía a los chavales de confirmación, pero cada vez la veía más central e importante para mi vida diaria.
Celo: ¡Qué grande se me queda esta palabra! Entiendo “celo” como aquella actitud que tenía el Buen Padre que le hacía estar con “pasión” en cada cosa: en los Incurables, confesando, celebrando la Eucaristía, catequizando,... Eso es lo que yo quiero para mi vida. Esto lo he aprendido de muchos hermanos y hermanas.
Amor (de Dios): Es el mensaje más nítido de nuestra consagración. Para mí se trata de ponerlo siempre y en todas partes. Tenemos que contemplarlo, vivirlo y anunciarlo. Creo que el que se encuentre con alguien de la Congregación debería notar que este Amor es el que le sale por todos lados. Amor es lo que siente que el Señor me da en la oración, con su Cuerpo y su Sangre. Amor es lo que recibo de los hermanos. Amor es también lo que me piden que entregue: sin fingimiento, sin medida, con alegría y sencillez.
Familia: Gracias a ellos soy mucho de lo que soy. Estoy muy agradecido al Padre por mis padres y mis hermanas. En ellos he descubierto un amor confiado, concreto, paciente y cariñoso.
Fraternidad / Comunidad: No entiendo la vida sin ella. A pesar de mi corta experiencia, creo haber descubierto el don de Dios de poder seguir junto con otros a Jesús. Ellos son constante recuerdo de mi consagración. Ellos me enseñan la fidelidad y la confianza en Dios (y no en uno). Siento la fraternidad como una realidad que me llena de alegría (que no quita que me dé algunos quebraderos de cabeza) y que llena de sentido mi vida religiosa.