Nueva Superiora General: veintidós años en Andalucía

(Con ocasión del Cincuentenario de la presencia de la Congregación en Andalucía, el pasado año 2005, la Hna. Rosa María Ferreiro ss.cc. escribió el siguiente artículo, donde relata 22 años de vivencia en el Sur de España).


He vivido en Andalucía interrumpidamente de julio de 1976 a abril de 1998, es decir, casi 22 años de mi vida.

Al recibir la invitación a escribir algo con motivo de los 50 años de la presencia de la Congregación en tierra andaluza, he aceptado con mucho gusto porque me siento parte de esa historia que queremos recordar y agradecer en la celebración de este cincuentenario.

Llegar a Andalucía supuso para mí cambios muy importantes en mi vida. Hasta entonces, yo había vivido en comunidades grandes y trabajado en nuestros colegios de Madrid. Mi experiencia de relación con “los Padres” se reducía a haberlos visto en sus funciones de capellanes, confesores, predicadores de ejercicios o profesores de religión en los colegios.

Bajar al Sur -yo nunca había pasado de Madrid- supuso para mí descubrir otro mundo cultural y congreganista con el que desde el principio me sentí en sintonía.

Eran tiempos de grandes transformaciones en la Iglesia y en el mundo y a mí me pareció normal verme de repente en una comunidad de cuatro hermanas y saliendo de casa para ir a trabajar.

En el trato con mis compañeros y alumnos de la Escuela de Jerez y en la convivencia con la gente del barrio de Picadueñas, fui descubriendo una manera de enfocar la vida y de entablar las relaciones interpersonales que cuestionó fuertemente la que yo había asimilado en mi medio ambiente.

El calor humano, la sensibilidad, la cordialidad, la flexibilidad, la tolerancia, la hospitalidad, el disfrute del momento presente, el sentido del humor y tantos otros rasgos del pueblo andaluz que podría nombrar, hicieron que desde el primer momento me sintiera cautivada por una cultura que abría nuevas perspectivas a la mía.

Cada mañana, celebrábamos en comunidad la eucaristía con el P. Jorge Alfaro que después de desayunar con nosotras, se iba a hacer “los mandaos” de la gente de los Albarizones. Tanto las breves pero siempre valiosas homilías como su conversación y el testimonio de su vida entregada a servir a los más pobres, me permitieron descubrir y admirar a este querido hermano que años más tarde enterramos en su parroquia el día de la fiesta de San Andrés, su titular...

En los años 80-81, con motivo del centenario de la fundación de España, hermanos y hermanas de toda Andalucía nos pusimos a trabajar juntos intensamente en PJV, haciendo las famosas ‘convivencias’ de fin de semana para jóvenes, primero en casas de retiro y después en la actual casa de pastoral ‘Padre Damián’ de Jerez, adquirida por los hermanos para este fin. Fueron años muy bonitos de búsqueda y creación de toda una pastoral ss.cc. que llegaba a muchos y muchas jóvenes y que nos hizo vivir juntos momentos muy gratos.

El trabajo en la Escuela de Magisterio me permitió también colaborar muy estrechamente con los hermanos José Antonio González y Fidel Ibáñez, que trabajaron en ella al mismo tiempo que algunas de nosotras las hermanas. Tiempo de compartir responsabilidades académicas pero, sobre todo, de poder vivir sencillamente la común vocación y misión día a día durante 15 años.

Y de Jerez pasé a Sevilla. Un día del año 91, la M. Provincial me llamó para decirme que habían pensado en mí para maestra de novicias y que, puesto que los hermanos tenían el noviciado de sus dos provincias en Sevilla, era el momento de que nosotras trasladáramos también el nuestro, pensando en una formación inicial lo más compartida posible.

Los hermanos pusieron a nuestra disposición dos pisos que tenían en la calle Amor, cerca de la parroquia de la Candelaria, llevada por ellos, mientras nosotras pudiéramos buscar una casa con calma, una vez viviéramos y conociéramos un poco la ciudad.

Así pues, el sábado 12 de septiembre de 1991, salí de Jerez para fundar Sevilla con Alicia Pereda y María Cruz Fernández. En todo momento los hermanos, especialmente Julio García, maestro de novicios, y José Antonio del Río, ecónomo, nos atendieron y ayudaron con la mayor generosidad. De igual modo, la comunidad de la Candelaria, con el párroco Luis Aguilar a la cabeza, nos abrió las puertas y nos acogió como hermanas.

Siete años viví en el noviciado. En mi corazón están escritos los nombres de todas las novicias y novicios que pasaron por allí... y los de tantas otras personas y experiencias que forzosamente no pueden ser aquí mencionados.

Andalucía me ofreció también la oportunidad de realizar mis primeros contactos con la Rama Secular, fundamentalmente en la Parroquia de los Remedios de Sevilla, experiencia de la que guardo muy buen recuerdo.

Quiero terminar mi comunicación felicitando a los hermanos de la Provincia por estos 50 años de presencia en Andalucía, y lo hago invocando la bendición de los Sagrados Corazones sobre cada uno mientras les digo:

¡Gracias infinitas por todo lo vivido con ustedes, mis queridos hermanos!