¿Cómo asume hoy la Congregación de los Sagrados Corazones la herencia del P. Mateo, Apóstol mundial del Sagrado Corazón?
Intervención de Richard McNally ss.cc.. Vicario General en Paray-le-Monial
30 de junio de 2007
Llamado por el Señor a nuestra Congregación cuando tenía 15 años, Eduardo Crawley Boevey recibió, como cada hermano y hermana, el carisma de nuestros fundadores. En fidelidad a ese carisma y misión de la Congregación, y echando una mirada al mundo de su época, fue inspirado por el Señor para que fundara la Entronización y pasara toda su vida viajando por todas partes para predicar el reino del Corazón de Jesús, el reino del Amor…
No puedo hablar de cómo asume la Congregación la herencia del P. Mateo sin hablar de cómo asumimos nuestra herencia de Congregación. Asumir esta herencia congregacional nos ayudará a asumir mejor la herencia del P. Mateo y a plantearnos cómo podemos hacerlo más eficazmente…
Nuestro último Capítulo General ha apuntado dos respuestas: la presencia en medio de los pobres y la presencia en medio de nuestros hermanos y hermanas de hoy que son como “huérfanos de Dios”, “una civilización que parece ignorar a su Padre”. (VM 34)
El servicio a los pobres y la atención a los “huérfanos de Dios” no son dos realidades separadas. Como ha dicho el Papa Benedicto durante su visita a Brasil, “donde Dios y su voluntad no son conocidos, donde no existe la fe en Jesucristo y en su presencia en las celebraciones sacramentales, falta también lo esencial para solucionar los urgentes problemas sociales y políticos. La fidelidad al primado de Dios y de su voluntad, conocida y vivida en comunión con Jesucristo, es el don esencial que nosotros, obispos y presbíteros, debemos ofrecer a nuestro pueblo” (a los obispos nº 2)…
A eso que llamamos hoy “secularización”, Mateo respondió con el Evangelio del amor, ¡y con qué celo! Un hombre debilitado y enfermo concibió la idea de una cruzada de amor. Consideraba acertadamente la familia como la célula fundamental de la sociedad. Pero su mirada sobre la familia le orientó hacia el mundo entero. Quiso conquistar el mundo para Jesús, familia a familia. Contaba historias de conversiones fulgurantes, en las que él veía el comienzo de un mundo nuevo, “el reinado social de Jesús”…
Hay que recordar que la herencia del P. Mateo es más amplia que la Entronización. Podemos decir que Mateo se comprometió con la “nueva evangelización” antes de que se forjara esta expresión. En sus retiros a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas, exhortaba siempre a centrar la vida en el corazón del Evangelio que es el corazón de Jesús, ese corazón rebosante de amor. Según Mateo, la única respuesta posible o adecuada era el amor, el don del corazón humano en respuesta al corazón de Jesús. Al renovar nuestro compromiso de predicación y de evangelización directa, asumimos también la herencia de nuestro hermano Mateo…
El deseo renovado de asumir nuestra tarea de evangelización explícita nos lleva a repensar y retomar nuestro interés por la herencia del P. Mateo. Y en un mundo donde la familia (célula fundamental de la sociedad) se ve amenazada por todas partes, ¿quién podría considerar que “poner a Jesús y a su amor en el centro de la familia como fuente de vida y de gracia” esté pasado de moda?...
Hay en nuestra Congregación una renovada confianza en el amor de Dios y en la proclamación de ese amor como fuente de transformación y de esperanza. Ahí está lo esencial de la herencia del P. Mateo.